Rota.
La silla rota.
Los platos rotos.
La dura aguja del reloj, partida.
Partida al medio
la ilusión, el ansia de sentarnos
a conversar junto a la mesa.
Roto el corazón, el hígado, las vísceras.
Rota la calma, la paciencia, la esperanza rancia.
Rota la mueca, el gesto, roto el espejo
en el que se repiten otras
varias roturas varias...
El sueño roto, el roto despertar de pesadilla.
Seriamente averiado el motor
que maquina las cosas.
Descuajeringada la mesa, entonces,
con sus patas vencidas y cluecas.
Decididamente rajado el diálogo,
la comunicación entre pares o impares
ante esa mesa rota, frente a esas sillas rotas.
Fracturada la pasión,
hecha añicos
la atracción entre opuestos que se aliaban
en la noche estrellada de galaxias.
Ya desintegrado el átomo de nuestro amor
en millares de unidades divisibles
por sí mismas.
Allí,
donde han desgarrado hasta el humor
y la amistad se torna quebradiza.
Cuando no quedan más que trizas,
fracciones
y trocitos que apenas causan gracia,
nos reímos,
con método implacable
volvemos a juntar pedazos sueltos,
dispuestos a fundir,
coser o remendar cada fragmento...
Por pura vocación.
Por mero encanto...
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-Manual de Literatura Intergaláctica-
Escrita sobre papel-hostia y con tintura comestible, la novelística Alkhaziana invita al lector -hambriento de acción y aventura-, a comerse cada página del relato para aprehender con fidelidad, y en toda su dimensión, la psicología de los personajes, los diálogos y las sabrosas acotaciones del autor que van pergeñando una trama llena de sabores, rica en especias y momentos de dulzura textual inolvidables.
Como verdaderos gourmets literarios, los escritores alkhazianos logran combinar con maestría una variada gama de estilos que contemplan casi todos los gustos y las más nutritivas temáticas.
No obstante, al paladear cada párrafo, el lector-comensal puede toparse sorpresivamente con un capítulo entero que le resulta pesado o una historia difícil de digerir. No son pocos los lectores que han visto peligrar su vida, víctimas de una metáfora en mal estado o de una úlcera provocada por una sucesión de ácidos comentarios.
Para evitar malestares gástricos o intestinales insostenibles y prevenir súbitas intoxicaciones colectivas, la nueva producción literaria ha tenido que pasar por la censura previa y, hoy en día, todos los textos son fiscalizados por el Ministerio de Cultura y Salud Pública, y sometidos a numerosos análisis gramaticales y bramatológicos.
Tratando de librarse de multas y en búsqueda del ansiado éxito, muchos autores optaron por elaborar best sellers con fórmulas o recetas literarias más bien light, de lectura rápida y fácil asimilación popular. Dando a luz textos frugales, argumentos agradables al paladar, bocadillos crocantes y demasiado empalagosos.
Estos hábiles narradores esquivan con decidida pericia los relatos densos; complejos manjares cuya lectura requeriría de una digestión lenta, casi rumiante. Los sabores amargos y las conclusiones picantes se reservan -como postre- para el final; dejando en el lector el rudo bouquet de un desenlace inesperado y áspero.
Sin embargo, no son raras las veces en que estos intentos artísticos se ven truncados por su propia ineficiencia culinaria o el rechazo de las editoriales. Dada la monótona y constante repetición del mismo menú, la reacción del público ha sido el hartazgo y la pérdida de todo apetito literario. Debido a ello, varios autores terminaron por comerse su propia obra para poder sobrevivir y, ya sin esperanzas de publicación, la han evacuado en las ignominiosas cloacas del olvido y el anonimato.
Por desgracia, resulta un poco difícil para este Manual incluir ejemplos de la literatura alkhaziana sin que el lector se pierda lo más sabroso de su textura dramática. Sugerimos pués pedir una pizza de jamón y morrones e imaginarse -cerrando los ojos ante el primer mordisco- una escena de fuerte contenido erótico, sazonada con idílicos paisajes y descripciones suculentas.
Sal y pimienta... a gusto del consumidor... |
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Un cumulonimbos se ha detenido
sobre nuestras cabezas.
Nos cerca
un sistema de baja presión
de isobaras cerradas y concéntricas.
Parece desplazarse,
cargándose de soretes de punta
y amenazas de tormenta,
pero en verdad
permanece inmutable
sobre este exacto rincón del planeta.
Es un frente estacionario
que hace noche la tarde
y oscurece el presente
con nimbostratos que ocultan
granizo, chaparrones, ventiscas.
Promete
aguaceros, tifones, vendavales.
Diluvios universales,
lloviznas intermitentes...
Pero se queda acechando,
llenando de bruma la niebla.
¡Soplen, muchachos, soplen!
¡Soplen con todas las fuerzas!
Es preferible despertar tempestades
que andar de pronóstico incierto,
esperando que lluevan peces y panes
y ese huracán que no llega.
(Poema dedicado a Grismar y Cinzcéu del blog Antes de la lluvia)
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- La resaca eterna:
Durante su corta vida conciente, Ernesto H. no conoció adicción alguna, ni el dulce néctar de una noche de bodas, ni el placer de una madrugada de excesos. En la fiesta de su propio casamiento, sin embargo y por primera vez, Ernesto H. brindó con amigos y parientes. Junto a la mesa de los tíos, empinó una champaña burbujeante. Después del vals, le dio a la cerveza y a un oporto que saboreó directo de la botella. Para despedirse de su atesorada soltería, bebió un poco de vodka mezclado con ginebra, un pizco, anis, cachaza de alambique, tibio coñac en copa grande, un vino tinto y espumoso, té de chamico y vasos y vasos de ayahuasca condimentada con seis cucumelos macerados en tequila.
      Por último, un frasco de perfume a rosas silvestres y hasta el agua de los floreros, la humedad ambiente, el rocío de la noche... Luego, se embriagó de besos, se emborrachó de halagos y buenos deseos...
      En cada foto del álbum familiar puede verse su gradual pero inexorable desliz hacia el descerebramiento y la desdicha.
      Quedó así, para siempre, hablando con los átomos que componen el delicado y minúsculo polvillo de materias leves flotando invisibles en el aire. Aún hoy los electrones le contestan con destellos eléctricos, emitiendo claves luminosas y secretas que él trata como a luciérnagas... |
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 A mí también me hubiese gustado ser director de orquesta, tener los pelos parados y una batuta en la mano; interpretar la partitura de la vida y que todos llorasen de emoción sincera.
Hubiese sido lindo transformarse en astronauta y salvando distancias contemplar la estela de algún cometa. Cambiaríamos el mundo, superando el espíritu de una época desoladora y violenta.
Te habría encantado descubrir una plurivacuna que lograse el fin de las patologías. Derrotar con argumentos propios los principios que sustentan todas las vertientes del dolor y la injusticia. Ser un paradigma de la humanidad, creador de nuevas y originales cosmogonías.
Soñar con los ojos cerrados, despertar con los sueños abiertos...
Haber inventado el paraguas y el primer día de tormenta pasear por las calles sin mojarse, para asombro y envidia de empapados transeúntes bajo la lluvia.
Pero aquí estamos, amigo, apenas animándonos a encender este poema y acercar las manos, acariciando                     tibiezas...
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-Manual de Literatura Intergaláctica-
Difícil público el de Omega y sus satélites naturales. Dueños de una cultura superior, exigentes y desapasionados lectores de tratados científicos, desprecian el género de la ficción narrativa y se niegan concientemente a ser engañados por las convenciones propias de la literatura. Detectan rápidamente la técnica empleada por el escritor en su afán de crear una intriga que los atrape, y se decepcionan ya en la primera página de una trama que, en verdad, podría significar una experiencia igualmente enriquecedora.
      Aunque estos estoicos novelistas se esfuercen en hacer cada vez más creíbles sus argumentos, a los lectores omeguenses les resultan estúpidas y arbitrarias fantasías, carentes de todo interés. Esta indiferencia obligó a los creadores a basar sus historias en hechos reales y de conocimiento público, tratando de ofrecer una fiel transcripción de la realidad. Pero como el arte no es un mero reflejo de la vida, sólo consiguieron recrear una versión aburrida y esquemática de sucesos, sin lugar para la invención y la imaginería.
      Como contestación a esta tendencia de los lectores, surgió en Omega un círculo de escritores marginales que atacaban con metáforas desbordantes, acalorados enredos destinados a provocar al frío lector omeguense; haciéndolo partícipe directo de la trama, azuzándolo, ofendiéndolo, sacudiendo su adormecida capacidad de asombro con breves historias contadas decididamente en Segunda Persona:
“Caminas sobre la plataforma de lanzamiento de Phivertais y detrás tuyo se acerca un Gurlap portando su pistola de rayos desintegradores. Corres, corres desesperadamente, babeándote, escupiendo enzimas verdes y defecando a la carrera para aligerar tu peso, pero igual el Gurlap te sobrepasa, te enfrenta y apunta en medio de tus cuatro ojos.”
      Actualmente, otro núcleo de exaltados escritores ha elaborado una estrategia aún más extremista, con el fin de trastocar la indiferente actitud de los omeguenses. Los mismos novelistas se disfrazan y caracterizan como sus propios personajes e intervienen en la vida del lector, mediante acciones y diálogos previamente guionizados pero capaces de adaptarse a circunstancias cambiantes. Los capítulos son así escenificados e intercalados en la cotidianeidad del lector, conduciéndolo al núcleo del conflicto dramático y su posterior y definitivo desenlace.
      Al final, en forma de epílogo, se le dice el título de la obra, se le cobra una módica suma por la interpretación o se lo muele a golpes, como muestra del vigor que alcanza esta nueva, pujante y muchas veces ignorada literatura cósmica.
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Aunque ya pasó el 1 de Mayo, me parece igualmente oportuno publicar y recordar ahora -como una forma de volver un poco a Tierra- tres fragmentos del capítulo Sobre Pobres y Circos, de Ernesto Sábato.
Vino un cliente y compró cigarrillos. Al cabo de un largo tiempo, Carlucho comentó sibilinamente: -La gran puta! Si habría lanarquismo... Nacho lo consideró con extrañeza. -¿Lanarquismo? -Sí, Nacho. Lanarquismo. -¿Y qué es eso? Carlucho se sentó en su sillita enana y sonrió con ojos meditativos y nostálgicos. Era evidente que pensaba en algo muy lejano pero lindo. (...)
-Suponé (é un suponé) que mañana desaparecería todo lo pione de campo. ¿Me queré decí vo qué pasaría? -Y, no habría gente para trabajar el campo. -Esato. Y si nadie trabajaría el campo no habería trigo y sin trigo no habería pan y sin pan todo el mundo no podería come. Ni lo patrone. ¿De dónde iban a sacá el pan, si me podé decí? Ahora atendé bien porque vamo a dar otro paso. Suponete también que desaparecería lo zapatero. ¿Qué pasaría? -No habría más zapatos. -Esato. Y ahora suponete que desaparecería lo albañile. -No habría más casas. -Muy bien, Nacho. Ahora yo te pregunto ¿qué pasaría si mañana desaparecería lo patrone? Lo patrone no siembran el mai ni el trigo, ni hacen lo zapato ni la casa, ni levantan la cosecha. ¿Me podé decí un poco qué é lo que pasaría, si se puede sabé? Nacho lo miró con asombro. Carlucho lo consideraba con una sonrisa de triunfo. -Andá, decime lo que pasaría si mañana desaparecería lo patrone... -Nada –respondió sorprendido Nacho de la enormidad-. No pasaría nada. (...)
-¿Gobierno? ¿Pa qué necesitamo gobierno? Cuando yo era chico y quedamo en la calle, muerto de hambre, mi viejo salió adelante porque don Pancho Sierra le puso una carnicería. Cuando me fui a pionar, tampoco necesitábamo el gobierno. Y cuando entré al frigorífico de Berisso, pa lúnico que sirvió el gobierno fue pa mandarno la policía en la huelga y torturarno. -¿Torturarlos? ¿Y qué es eso, Carlucho? Carlucho se quedó mirándolo con tristeza. -Nada, pibe. Te dije eso sin queré. No son cosa e niño. Y ademá, yo soy lo que se llama un inorante. |
Ernesto Sábato, en “Abaddón el Exterminador”.
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-Manual de Literatura Intergaláctica-
Orión es una constelación prominente, quizás la más conocida de la bóveda celeste. Sus estrellas brillantes -entre las que se destacan Las Tres Marías- son visibles desde ambos hemisferios y hacen que este cúmulo de soles sea reconocido universalmente. Sin embargo no sucede lo mismo con su riesgosa y alucinante literatura.
      Los orionenses son seres frágiles, escribas de una caligrafía admirable y llena de arabescos. Por otra parte -y por motivos genéticos o gravitatorios- sufren de una malformación plasmática, es decir, son hemofílicos con una bajísima o casi nula capacidad de coagulación sanguínea.
      El uso de la sangre -de un azul profundo e indeleble- como tinta para sus textos sagrados, forma parte de un ritual ya establecido por siglos de escritura hemorrágica. Es así que, una vez que introducen la filosa punta de su lapicera y extraen los primeros mililitros de tintasangre, su decisión ya no tiene retorno.
      Entonces arremeten con místico fervor en su tarea literaria, bombeando metáforas con salvaje pasión arrolladora, porque saben que se les va la vida en ese acto creador definitivo. Son textos breves, aguerridos, contundentes hasta el desmayo. Una prosa que surge a borbotones o se escurre triunfal sobre un papel secante, en cortos manuscritos que luego serán reproducidos mediante fieles copias serigráficas.
      Aquellos autores que alcanzan el éxito o la popularidad esperada consiguen el sustento económico necesario para recomponer su situación plasmática, a través de una alimentación rica en hierro o la tranfusión del líquido vital hasta lograr cierto equilibrio hemodinámico. En cambio, aquellos escritores desafortunados que, por una u otra razón editorial, ven su obra condenada al fracaso, solo consiguen una palidez cadavérica que los aleja aún más del gran público. Y mueren casi siempre en la pobreza y el anonimato. Ejemplos de una masa amorfa de piel y huesos, quedan allí como testimonio de una vida entregada al drenaje retórico.
      De estos anónimos y ya coagulados relatos extraeremos, para el lector piadoso, un breve pero linfático fragmento:
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