b- Cuelgue un Teléfono Movil, con pulsos libres por un año, del techo de la habitación. Coloque una escalera para poder alcanzarlo sin problemas; asegurándose de que no exista ningún otro modo de llegar al Movil (con acceso a Internet gratis), que no sea subiendo por sus escalones. c- Instale en el techo un sistema automático sincronizado de manera tal que, cuando cualquiera de los 20 consumidores quiera subir la escalera para alcanzar el Movil, haga caer una lluvia de agua bien helada en toda la habitación. d- Los consumidores, aún aquellos de más alto coeficiente de compulsión a las delicias de la oferta y la demanda, aprenderán rápidamente que no es posible subir la escalera evitando el sistema de agua helada. e- Luego, cambie uno de los 20 consumidores por otro nuevo. Inmediatamente éste intentará subir la escalera para alcanzar las virtudes del telefonito, y sin entender por qué, antes de tocar la escalera, será golpeado salvajemente por los otros 19. f- Cambie ahora otro de los viejos consumidores por otro nuevo. Entonces será golpeado también salvajemente, y el anterior -apenas recuperado-, posiblemente sea el que más fuerte le pegue. g- Continuar el proceso cambiando los 20 consumidores originales, hasta que queden únicamente nuevos consumidores. h- Ahora ninguno intentará subir la escalera, y más aún, si por cualquier razón a alguno se le ocurre pensarlo, éste será masacrado por el resto de los humanos previamente adiestrados y sometidos al experimento. Pero lo curioso es que ninguno de los consumidores, así encuestados, tendrá la menor idea de lo que está pasando, ni el por qué se les había hecho tan visceralmente imprescindible comunicarse con la más movil de las telefonías celulares. |
8 comentarios
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Amigo Mono es la típica situación social que nos rodea.
EXITOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Será posible que el castigo propuesto para los consumidores que intentan subir sea más severo? Ello debe considerar que deben quedar con fuerza suficiente para castigar a los nuevos consumidores.
Esa es la palabra que a muchos los rodea alrededor del móvil, "imprescindible".. y cómo hacían antes.. entonces, lo cierto es que a mí el aparatico este me cansa sobremanera.
Salu2.
Querido Mono, me encantó la antropomorfización de una antigua leyenda que ofendía a los simios. En una segunda etapa a un humano un poco más ingenioso se le ocurre crear un 0800-lianas y ofrecer acceso colgante directo al celular, con IVA incluído.
Besos.
Bueno...
Bien vale un chapuzón por un movil!!!
Consumir o no consumir, he ahí el grande dilema.
Yo vivo feliz a la orilla de una playa, salgo en las mañanas a pescar mi almuerzo, luego me fumo un puro (me van quedando pocos, le pediré a Fidel que me mande otra caja), camino recojiendo lo que tiren las olas (bueno, en marzo tiró una sirena, no estaba mal, pero cuando comenzó a exigir cambios en la cabaña, la devolví al mar) después voy a conversar un poco con los pescadores y a leer algún trozo de períódico que haya llegado con el viento a mis manos.
Ya en la noche, me enfundo mi chalina de lana y me voy donde los turcos a jugar unas partidas de dominó. Me duermo sin apuro con el ruido de las olas y me despierto tempranito para calentar un poco de café. La felicidad era plena, hasta que un amigo me trajo un televisor para que viera todo lo que me estaba perdiendo. Comencé a salir más temprano al mar, para agarrar los mejores pescados, se los vendía a los mismos pescadores que se habían quedado dormidos, luego, con el dinero, arrendaba una camioneta, para llevar toda la carga al pueblo, dejé de fumar puros y comencé a fumar cigarros, uno tras otro, mientras esperaba a los turcos para hacer negocios. Al mes, volvió la sirena conmigo, tuvimos lavadora, tv cable, computador, lavavajilla, electrodomésticos y muchas cosas más, pero yo cada vez más ocupado y afanado para adquirir las últimas novedades, casi sin tiempo para respirar, hasta que de pronto, me vi muerto, en el ataud más caro de todos, con mis mejores pilchas y los zapatos italianos que nunca llegué a usar. Desde que estoy acá abajo, no me ha quedado otra que hacerme a la idea de que lo que tengo ahora, es justo lo que necesito.
Craso error, Mono: los consumidores tienden a la lluvia, si helada mejor. Son pelotudos nomás. La parábola vale para especies superiores y marginales como el simio sapiens.
Excelente fábula. Hay una similar de una familia de mujeres que generación tras generación (la tatarabuela, la bisabuela, la abuela, la madre, la hija, la nieta...) tienen la costumbre de cocinar en el horno los pollos mutilados (cortando y tirando un trozo de pollo útil y sabroso) hasta que se dan cuenta que todo parte de que la tatarabuela tenía un horno pequeño donde no cabían los pollos enteros, y la "tradición" se fue transmitiendo para abajo. Esto parece una gilipollez pero refleja la historia de la educación humana.
A la felicidad se llega comprendiendo por qué hacemos lo que hacemos, por qué somos lo que somos, individualmente y como sociedad. Sólo partiendo de este conocimiento se puede ser libre de elegir, libre de decidir, y sólo siendo libre se puede ser feliz.
Sin ese conocimiento todo queda en borreguismo, miedo a ser distinto, a apartarse de la manada. Los humanos decimos que somos distintos de los animales, pero una y otra vez nos empeñamos en ir en manada, seguir convenciones y corrientes sin pararnos a pensar su sentido, sin plantearnos que se puede vivir de otra forma. No es sólo el consumo, es la forma de vivir completa, la forma de relacionarnos... todo son convenciones que se siguen y se siguen sin tener tranquilidad y valor para cuestionarlas nunca.
Parece que ninguno de los personajes de la fábula sabían que se puede ser humano sin seguir la corriente. No te culpo, sólo reflejaste la realidad :-D
Muy buena fábula, Mono.
Sólo una duda: ¿por qué los consumidores son de habla hispana? En realidad, pineso, deberían ser consumidores mudos, porque si pudieran hablar, seguro que la historia de la ducha helada se habría transmitido de antiguos a nuevos.
Faltó desvelar que el experimento fue llevado, meses después, a un show de la televisión donde famosillos de temporada lucían palmito mientras ajaban su sesera y la de los millones de telespectadores que les seguían fielmente cada semana. :-)
¡Saludos!