Campeonato Mundial de la Pulcritud Exasperante
SUIZA 2006
Luego de una concisa pero no por eso menos solemne ceremonia inicial, el árbitro mira su cronómetro y hace sonar puntualmente su afinado silbato. Con un prolijo puntapié el jugador alemán da comienzo al partido. Envía el balón a su compañero de equipo que avanza directo hacia el arco suizo. Esquiva a varios contrincantes, haciendo gala de una destreza y velocidad inigualables. Sin embargo, es cortado por una maniobra intachable del defensor del seleccionado local, que se arroja al piso con escrupulosa corrección y envía el balón hacia el costado derecho. Un lateral alemán devuelve con prontitud la pelota en un exquisito pase de gol para uno de los delanteros germánicos. Pero el tiro es nuevamente desviado con enérgica resolución por la defensa suiza, meticulosa, detallista, impenetrable.
Durante varios minutos el juego se desenvuelve en el mediocampo, con ambos adversarios cuidando la pelota mediante una serie de toques justos, dando muestras de una exactitud y minuciosidad casi matemática. Suben los volantes suizos por la izquierda pero son repelidos puntillosamente por la estricta defensa alemana, hasta que, por fin, finaliza el primer tiempo...
Los aficionados de ambas escuadras esperan en tensa calma. Beben cerveza con metódica ligereza.
El segundo tiempo no presenta grandes variantes. Los suizos elaboran complicadas maniobras de ataque que por demasiado anunciadas resultan fácilmente anticipadas por la pericia técnica de los alemanes. En el minuto 65 se filtra un magnífico centro contra la valla teutona. El envío es certero y el cabezazo impecable. El disparo va directo al ángulo izquierdo. Las gargantas de los espectadores locales están a punto de estallar en jubilosa descarga. Pero el guardameta se estira con milimétrica precisión y desvía la pelota hacia fuera del campo. Rápida pero elegantemente se ejecuta el tiro de esquina, con tal rigurosidad que el balón realiza una comba perfecta, una hipérbole perpendicular al piso que se paraleliza intentando convertirse en gol olímpico. No obstante, su trayecto es interrumpido por el parietal derecho del defensor rival que lo envía esta vez hacia adelante, en lo que resulta un soberbio pase hacia el mediocampo alemán que se rearma con ordenado dinamismo.
El match se enreda en el farragoso devenir de movimientos tácticos e intrincadas sutilezas.
Los dos equipos demuestran un amplio y equilibrado dominio del juego, que se transforma en una correcta contienda entre caballeros galardonando el noble deporte del balompié y los altos valores futbolísticos.
De pronto, un fanático salta de la tribuna arrancándose mechones de pelo y reemplazándolos por matas de pasto desraizadas del campo de juego. Su desesperado gesto es imitado por numerosos espectadores que se despellejan el cuero cabelludo o se agitan en graciosos y torpes pasitos de baile.
El partido se suspende hasta próximo aviso.


Cinzcéu dijo
¡Qué suspensión tan inoportuna! Estabamos a punto de alentar la competencia con unos pulcros arreglos corales cual Niños Cantores de Viena. Otra vez será.
30 Junio 2006 | 11:26 AM