Me he demorado más de lo que indicaba el programa en preparar esta clase, y no lo he conseguido. Atribulado con mi incapacidad didáctica o, para que negarlo, frustrado con mi propia práctica en la que no he logrado seducir ni a una mosca, prefiero cerrar por aquí el curso y decretar eternas vacaciones.
Aún así, si luego de estas ya cuatro clases intensivas para Parecer poeta y ligar o levantarse hombres y/o mujeres bonitas, no se han conseguido los objetivos anhelados. Ni un mísero escarseo, un abrazo fugaz, una revolcada en el césped o en la plaza, es hora de recurrir a la tecnología de punta y la cibernética avanzada. Abandono pues mi corta y torpe cátedra y los dejo con un verdadero maestro. Cuando no, otro argentino versero, pero más pícaro y simpático que yo.
Su nombre es Osvaldo Julio Schiavoni. Nació en Rosario del Tala (Entre Ríos). Su interés por las letras no llegó a tanto como para convertirse en literato ni catedrático. Es un tipo jodón, a veces divertido y a veces insoportable, según su propia definición. El ha creado y mantiene en funcionamiento una cuasi máquina de hacer poemas, al menos con rima.
El invento se llama RIMAR, y es un programa que lanzó allá por el 7 de abril de 2000, y él mismo nos explica lo que hace:
-Dada una palabra, muestra las que riman, divididas en tres categorías: Consonantes, Asonantes 1 y Asonantes 2. -Permite silabear una o más poesías completas, con versos de hasta 30 sílabas, considerando hiatos y sinalefas. -Permite configurar la fonética según las preferencias del usuario. -Permite enriquecer el diccionario con vocabulario propio. Ofrece ayudas adicionales al versificador, como búsqueda por cantidad de sílabas, determinación del ritmo, etc.
RIMAR es El Primer Diccionario Completo de Rimas del Idioma Español. Y mi paso por este mundo no habrá sido en vano si consigo que algunos bailanteros dejen de rimar “amor” con “dolor”, “cariño” con “niño” y “estrella” con “bella”.
RIMAR es muy barato, para que pueda estar al alcance de los poetas: veinte dólares, o veinte euros para los que vivan en Europa (para no andar haciendo cuentas con centavos, ¿vió?). Sin embargo, a quien viva en Argentina le costará veinte pesos (piedad, que le dicen).
Puedo asegurarles que este Mono no ha cobrado un peso por esta publicidad. Aunque no vendría mal unos cuantos kilos de banana... ¿verdad, Osvaldito? Y a todos los que han seguido este curso, lleno de peripecias, recuérdenme el Día del Maestro... Fue un gusto. ¡Quedan todos aprobados!