Aclaración: como el curso está dirigido tanto a damas como a caballeros, cambie el lector mis frases e imágenes, de acuerdo a la identidad sexual que más le plazca.
Pues bien, puede que después de muchos intentos, el novel poeta no logre su objetivo y la mujer cabecee y se duerma en medio de su más dinámico e iracundo poema de protesta. ¿Ha de aprovecharse el literato de esta circunstancia, de este fugaz adormecimiento? Sin duda, nos encontramos aquí ante una seria diyuntiva más propia de la ética que de la estética y deberemos aclarar que, en este sentido, se enfrentan dos corrientes literarias diversas y contrapuestas. La primera, denominada “Corriente optimista del Soneto”, postula que si la mujer se ha dormido mediante nuestros propios susurros y cotorreos, y en un territorio propicio para el manoseo compartido, es válido el intento de llevarla a la cama y ver que sucede entre las sábanas.
La segunda vertiente literaria, denominada “Pesimismo discreto”, propone despertarla y, caballerosamente, llevarla hasta la puerta de su casa para quedar en una próxima cita.
Si bien no existen demasiadas estadísticas al respecto, los estudiosos de este fenómeno onírico-literario, opinan que en la gran mayoría de los casos, la discreta corriente pesimista, ha producido noviazgos duraderos y hasta matrimonios hasta hoy consolidados. Y que la arrebatadora Corriente optimista tiene en su haber una mayor cantidad de fracasos, aunque sus contados logros hayan provocado la envidia de todo el ambiente literario.
No obstante, fervorosos adherentes a la teoría Optimista del Soneto, se han reunido en torno al “Primer Congreso sobre Parálisis de Sueño y Catalepsia Poética”, desarrollado en México. Luego de tres arduas jornadas de conferencias y debates, en las que se extrajeron más interrogantes que conclusiones, los concurrentes se detuvieron en las siguientes reflexiones: ¿Es importante el tamaño del poema? ¿Conviene que el verso sea largo y finito, o las mujeres lo prefieren más bien corto y ancho?
Muchos poetas y estudiosos afirman que básicamente un texto cualquiera, para que parezca un buen poema e incluso posea la originalidad de la vanguardia, deberá ser largo y afinándose, como en este resumido y recortado ejemplo:
La mañana desanda
sus horas claras
buscando
sombras,
flores,
nubes,
alas.
En contraposición, otros especialistas opinan que el ancho casi exagerado de los versos produce un efecto más seductor y aguerrido, cuyo grosor habrá de exacerbar los deseos femeninos, como en este breve ejemplo:
La tarde lenta y ceremoniosa anunció la llegada de un río calmo de nubes que viajaban /
arrastrando pájaros en bandadas simétricas que se alejaban planeando de norte a sur, /
hasta poblar las últimas horas del día con ráfagas nocturnas y pinceladas de profundo atardecer.
Por último, y para ir terminando esta tercera clase, debemos mencionar a aquellos heterodoxos que arremeten a las damas mezclando estilos, longitudes y tamaños, en una desesperación literaria que, aunque muy poco prolija, no está exenta de vivacidad y gracia. Parecer poeta requiere también, como en otros tantos asuntos existenciales, de saber adecuarse a las circunstancias o romper las reglas del juego y largarse a la improvisación sin tantas vueltas.
Nos vemos en la última clase, la semana que viene. Pueden olvidar todo lo aquí aprendido... No tomaremos exámenes.


Tienes razón, yo, como ves, abogo por que nos cambiemos todos al noble deporte de la poesía.
Debería
haber
ex-
amen.
/
me parto de risa.
Lo dijo:Una oscilante de las dos vertientes
absolutamente identificada