CURSO PARA PARECER POETA (1° clase)
Se sabe que a las mujeres sensibles y bonitas les encantan los poetas, aunque después opten por contraer matrimonio o juntarse con odontólogos, empresarios hoteleros o gerentes de banco. Pero, alguna vez en sus vidas, hasta las más bellas y codiciadas muchachas se arrojan a vivir la intrépida experiencia alternativa del amante romántico, mojando su pluma en la tinta, bajo la luna llena.
Es allí entonces, que el pobre mortal debe aprovechar esa racha de buena suerte, para arrebatar los favores femeninos de las garras de otros oficios más aventajados en estas lides, como los musculosos Bañeros o Guardavidas, atrevidos Personal Trainings o los infaltables cantantes de Pop Latino.
La primera lección que deberá aprender el novel poeta es a no desmoralizarse interiormente ante nadie y ante nada. Aunque siempre ayuda mostrar un aire de derrota y un pesimismo galopante, se deberá mantener internamente una gran autoconfianza y hasta cultivar en secreto el delirio de grandeza.
En caso de caer en una depresión inocultable, convendrá exagerar la cosa, aparentando ciertas tendencias torturantes y suicidas. Un poco de tristeza metafísica con dosis de locura, atrae a las hembras más pulposas, como el azúcar a las moscas. Por dentro, sin embargo, uno debe repararse, comparando su caso con el de colegas aún menos favorecidos, como los escritores de enciclopedias sobre aves, comentaristas de Rugby o de carreras de caballos o simples cronistas policiales; que rara vez deslumbran a las damicelas por más que se hayan recibido de doctores en filosofía y letras.
Una vez alcanzada la seguridad interior, el novato deberá proceder a la inversa: dar la imagen de un ser abatido por las vicisitudes de su época, lleno de dudas existenciales, obsesionado sobre la fragilidad de la condición humana o la crueldad en la que nos sumerge la sociedad moderna. Aunque antiguamente el ser portador de un semblante pálido, casi tuberculoso, resaltaba el prestigio y la creatividad literaria, en la actualidad alcanza con cultivar cierto aire ausente, desgarbado, miserable y solitario, para despertar la imaginación y el trato maternal de una hembra bien dotada, de tetas y de nalgas...
Algunos jubilosos o demasiado felices colegas, a los que la naturaleza les había provisto de una alegría casi innata e insoslayable, han tenido que valerse del viejo truco de usar calzados un número menor al habitual, hasta lograr ese gesto exacto del intenso sufrimiento cósmico.
Por lo demás, el joven poeta deberá escribir sus primeros versos de la manera menos ortodoxa posible, tratando que el texto fluya y sea lo suficientemente etéreo para que no se entienda. Para ello, se valdrá de un buen diccionario de sinónimos y elejirá palabras sueltas, sencillas, pero con su acepción más rebuscada y compleja. Por ejemplo: se elije “amanecer” pero se escribe “alba”. Se elije “limpias” pero se pone “diáfanas”. Luego, con el simple juego de entretejer y relacionarlas, sin más lógica que cierta armonía sonora, se logra la primera pieza literaria. Toda una ópera prima.
Terminemos pues con esta clase inicial, viendo un claro ejemplo ilustrativo:
“El alba ancla sus diáfanas aguas de sangre y lujuria vana.
Encalla y calla
en el reflejo de su propia esfera blanca”.
En la próxima clase hablaremos de cómo lograr la unidad a pesar del caos poético, y de las diversas técnicas para evitar que la mujer se nos duerma en medio de un poema. ¡Hasta luego! ¡Y a ponerse en práctica!


laveron dijo
en resumidas cuentas, con respecto a la torpeza de conquista del poeta le podríamos adosar un verso:
"las minitas aman los payasos y la pasta de campeón".
yo no conozco poetas de tales características (o sí???)
7 Octubre 2005 | 04:53 PM