A mí las mujeres me gustan desplumadas
No es que tenga nada en contra de los orgasmos avícolas, pero yo siempre he preferido a las mujeres primates de cualquier especie. Me inclino por las más simiescas (aunque con un toque de inteligencia) o las hembras humanas, sobre todo aquellas que no viven obsesivamente depiladas y se les asoma cierta mata de pelos bajo las axilas, en las patas o, que carente de vellos, al menos usan pulóveres o medias con abundante pelamen de lana. El pelo no me molesta. Las plumas me causan náusea.
El Tucán opina que soy un discriminador, que jamás hay que decir “de este agua no he de beber” porque uno nunca sabe cuando va a necesitar hacerle el amor a una gallina. Es su criterio. Un criterio amplio, sin escrúpulos ni asco alguno.
Pero a mí, salvo por las vedettes francesas que portan sus aparatosos plumajes, o alguna mulata brasilera de las que bailan en el carnaval carioca sosteniendo ese mismo aparataje, sólo me gustan las mujeres sin plumas. Nada de golondrinas ni de garzas ni pavas reales. Las plumas me producen cosquillas, me desconcentran a la hora de las intimidades.
-Bueno, si tanto asco te da, pues aprende a desplumarlas... -me dijo el Tucán en una charla.
-¿Te parece? -lo interrogué.
-¡Claro que sí...! No hay mayor placer que desplumar, lenta y meticulosamente, a una exuberante y carnosa ave. -me contestó extasiado, como saboreando hacia sus adentros un voluptuoso banquete.
-¿No será cómo comerse un pollo rostizado? -volví a cuestionarle.
-Ah, bueno... -me contestó él. -Si vas a hacerle asco a todo lo que se te pone enfrente, no va a haber flamenca ni pelicana que te guste, por más pulposa y putarraca que sea...
-Tenés que comprenderme... -le dije, intentando que acompañase un poco mi razonamiento. -A mí las aves de corral me gustan para un guiso. No me veo trincándome una gallina a no ser con el tenedor y el cuchillo. Me las imagino más bien en la cacerola que dentro de una cama...
-Y bueno... -me dijo él, conteniendo la risa. -Hacé como la viuda negra... Primero te la culeás y después te la comés, rellena con el jugo de tu propia salsa...
-¡No podés ser más asqueroso, bicho de porquería! -le grité, mientras intentaba agarrarlo del cuello para sacudirlo como un plumero.
Pero en el descuido se me escapó y salió volando hasta posarse en lo alto del armario.
Desde allí arriba me miraba y se reía. Se burlaba de mí, bamboleando seductoramente su cola como una gallina sexópata y muy provocativa.
Y cada vez que me acercaba, él cacareaba, cacareaba y cacareaba...


eMe dijo
me los imagino en ese trote, muy gracioso jajajajajaajajaja
Verdaderamente tienes imaginación... o es que eso fue verdad??? JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJA
a mi me gustan las gallinitas tiernitas y gorditas y sin plumas.
EXITOS!!!!!!!!!!
30 Septiembre 2005 | 03:43 PM