Concebido en algunas culturas como un ritual de trascendencia más allá de la muerte o una forma de sobrevivir ante situaciones límite, la civilización europea lo consideró como el más terrible de los actos; un tabú que le ha servido para legitimar sus métodos civilizadores. No es extraño entonces que el propio término Caníbal derive de una pronunciación errónea de Caribe, el nombre de los aborígenes de las islas que encontraron los españoles a su llegada, en 1492.
Paradójicamente, cinco siglos después, una oscura secta de refinados gourmets europeos han establecido el 21 de Agosto como una fecha propicia para degustar los más exquisitos platos, basados en carne humana. Esta celebración secreta es anunciada vía internet o mediante ciertos enigmáticos afiches en las afueras de París que difunden, a través de un mensaje codificado, el lugar en que habrá de realizarse el exclusivo banquete. Al parecer, la materia prima es donada por sacrificados masoquistas que se enorgullecen de que alguna de sus partes sean cocinadas por estos eximios maestros del arte culinario. Por lo que se supone que la presencia de tan noble sustancia, oficie más como escaso y exótico condimento. Aunque no se descarta que alguno de los comensales haya sido invitado con el solo propósito de convertirse en alimento...
Por las dudas, todos los 21 de Agosto no concurrimos ni a bares ni a fiestas, por más que se nos asegure que no estaremos dentro del menú. A decir verdad, ya hemos perdido hasta el hábito de comernos las uñas...