La Coctelera

El Mono Sapiens

 

19 Agosto 2005

El Delicado Arte de la Incoherencia

Una de las hondas raíces de nuestros males es la coherencia. Una coherencia que todos rechazamos pero todos practicamos a diario. De la suma total de las coherencias individuales surge, inevitablemente, la coherencia nacional o colectiva.
Definir este mal no es difícil. A pesar de matices y modalidades. Conocer y respetar la ineludible vinculación de unas cosas con otras, es el fondo reprochable de la coherencia.
Aceptar algo pero sin rechazar sus consecuencias o exigencias, es pura coherencia. Profesar una idea como vital y vivir luego de acuerdo a lo profesado, más que coherencia es verdadero aburrimiento. Prometer y cumplir es coherencia. Diseñar sabios remedios y después aplicarlos sin intentar otros igualmente eficaces o quizá ineficaces, es coherencia.
Bien examinada, pues, la coherencia no es otra cosa que mantener vinculado, ajustado e integrado lo que, en verdad, suele estar desvinculado, desajustado y desintegrado. Algo así, como el intento de unir el aceite con el vino tinto, o acabar de un golpe voluntarioso con siglos de esquizofrenia.
Un político coherente es el que roba. Para eso ha estudiado, por eso mismo se ha sometido durante años a una carrera de simple adherente, pegando carteles y arrojando panfletos en los actos. Para luego ser un férreo y coherente militante respetado por todos. Para escalar posiciones dentro de un partido y, alcanzado el gobierno, poder robar más legítimamente tranquilo.
Un policía o un militar coherente es el que extorsiona o mata. Para eso ha practicado. Por eso ha soportado una enorme cadena de mandos y años de oscura obediencia a autoridades superiores... Ahora que él mismo es una autoridad y puede, roba, extorsiona o mata. Para eso se ha formado.
Bin Laden es coherente, George Bush es coherente, el miembro de una organización terrorista es coherente cuando concreta un atentado. No ha de esperarse de él que deje un ramo de claveles rosados. Coherente es el comerciante que le agrega un sobreprecio al verdadero valor de las cosas y luego te las vende. Coherente es el maestro, del Estado o privado, que te inyecta las enseñanzas propias de ese mismo Estado, los colores patrios, el respeto por las autoridades y las fronteras. Coherente es el periodista que sigue al pie de la letra las estrictas directivas de la empresa para la que trabaja, aunque éstas contradigan la realidad o hasta el contenido de la noticia. La verdad no es asunto de la coherencia. Es decir, se puede ser coherente y mentiroso al mismo tiempo. Puedo partir de conceptos falsos o carentes de toda lógica, como que “todos los colombianos son terroristas” y proceder coherentemente a exterminarlos.
Algunos somos y nos proclamamos del Tercer Mundo pero intentamos vivir en el primero de los mundos. Con todos los últimos adelantos de la electrónica. En palacetes. Con el automóvil en la puerta de casa. Y, no por eso, dejamos de ser coherentes con este sistema capitalista en el que vivimos.
Aborrecemos y condenamos toda Dictadura. Pero convertimos a los gobernantes en dictadores, remitiendo a ellos los problemas sociales, esperando que arreglen y resuelvan. A ellos les exigimos todo: lo público y lo privado, lo común y lo personal, la producción y la distribución. Renuentes a asumir responsabilidades, concentramos poder y más poder en ellos y luego nos irrita el limitado campo que queda para nuestra iniciativa y autonomía. Aún así, seguimos siendo coherentes dentro de esta democracia burguesa, que es decididamente eleccionaria y representativa.
Para el Tucán, ser coherente es demasiado fácil. No requiere más que elegir una ideología y aferrarse a ella con uñas y dientes, respetar una escala de valores éticos, ser monolítico y hacer exactamente lo que uno dice o promete.
Pero, a la hora de transitar en el difícil arte de la incoherencia, la cosa se complica. Se necesita reconocer todas las variables que presenta la vida y navegar sobre ellas como un surfista sobre su tabla, en un mar convulsionado y lleno de incertezas.
Decir “garabudspuf cornumbiak”, no es ser incoherente, es ser idiota con minúsculas. Quedar en algo con alguien y fallarle, puede ser coherentemente estúpido o maleducado.
A esta altura, la incoherencia ya es un vicio sano o, al menos, inofensivo. Un gesto libertario de cordura, que no debería molestar al otro sino, más bien, despertarle la imaginación, la gracia y la simpatía.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

finchu

finchu dijo

Nuevamente lo has clavado, la falta de conciencia democratica y participación ciudadana en la gestión de sus propios asuntos hace que que el absurdo parezca perfectamente coherente.

19 Agosto 2005 | 01:23 PM

=La Fulana=

=La Fulana= dijo

Desgraciado Monooooo, EXCELENTE, BRAVOOOOO!!!! Seamos incoherentes libertarios!!!

19 Agosto 2005 | 09:19 PM

Cocoloco

Cocoloco dijo

Siempre pensé que en realidad la incoherencia nace con la modernidad.
Trataré de explicarme: Cuando Atila arrasaba poblaciones enteras masacrando a hombres mujeres y niños para robarle todas sus posesiones no hacia discursos diciendo que lo hacia en nombre de la libertad y la democracia. Atila era coherente. A lo largo de la historia nunca se hicieron mas declaraciones hablando sobre los derechos, las libertades y la justicia como en los últimos cien años y también en ese periodo se produjeron las mayores masacres colectivas que se recuerden.
Quiero aclarar que no me considero un “posmoderno”. Porque, a lo que estamos atravesando yo no le veo el “pos”. No veo otra cosa que la modernidad vuelta sobre si misma; autocuestionándose con planteos absolutamente modernos. Además creo que la posición que esgrimen los que se definen como posmodernos es sumamente “romántica”, o se “moderna”.

21 Agosto 2005 | 11:00 PM

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El capitalismo no es salvaje. Es el imperio de la civilización, el más alto exponente de la perversión de la inteligencia usada para la dominación de la naturaleza y la explotación de animales y hombres, tratados como bestias de carga. Nuestro instinto de conservación, esa bella fiera apenas domesticada, resurgirá y seremos kingkones.
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