Entrar de visita a nuestro propio blog

Hoy me ha hecho un comentario el señor José Suárez, que luego de ver en el canal de cable INFINITO, un programa que hablaba sobre la catalepsia y las personas que son enterradas vivas erróneamente, siguió investigando el tema en internet. Al encontrar la historia de “Rufina Cambaceres, la joven que murió dos veces”, se metió en mi blog, leyó el artículo y aportó nuevos datos que enriquecieron mi narración.
Es una tontería que ya debería asimilar, pero para mí y para el Tucán fue la comprobación de una maravilla. Cada vez que publicamos un artículo en La Coctelera, éste se reproduce en la red global y cualquier otro navegante fuera de nuestro círculo de cocteleros, lo encuentra rápidamente en Google o en Yahoo. Eso me explica la constante lectura, por parte de científicos y universitarios, de notas que considero aburridas como “La inquietante evolución del espermatozoide”, o que, a pesar de las diferencias idiomáticas, numerosos brasileros entren a leer “A lenda do Galho Garañón”.
Esto de recibir “extraños”, me ha contagiado de cierto distanciamiento y me llevó a salir de mi casa y entrar en La Coctelera desde un lugar público. Pagué una hora de internet y me deslicé por nuestras creaciones diarias como un visitante del espacio exterior, un venusino navegando por la superficie de nuestra Portada, por el interior del blog de Nikito Nipongo, La Fulana, Las perversiones de Sócrates, Audio & textos, Septiembre y tantos otros... En una pantalla miserable y descalibrada, leí las turradas de Emanuelle, las ternuras del Reparador, las boludeces de Showroom y, al final, me animé a entrar a mi blog...
Tocar el timbre de nuestra propia casa, llamarnos por teléfono y contestarnos del otro lado con un “hola, quién habla”, es poco. Vernos como nos ven, detectar qué nos sobra y qué nos falta...
Así que muchachos, muchachas... No digo más nada. Les recomiendo la experiencia y después me cuentan... Que para eso está acá abajo eso que dice “0 comentarios”.


finchu dijo
Me alegro que hallas encontrado por ti mismo el arte de mirarnos desde afuera, te das cuenta de lo poco que significas para los demas, pero tambien te puedes descojonar de risa de ti mismo.
11 Agosto 2005 | 12:38 AM