Como el cerebelo no nos da para postear ni un párrafo más, nos hemos puesto a traducir del portugués y rudimentariamente, esta bellísima canción de Chico Buarque y Gilberto Gil. Sería lindo escuchar una versión en castellano.

Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
Padre, aparta de mí ese cáliz...
De vino tinto de sangre.


Como beber de esa bebida amarga,
tragar el dolor, engullir la bronca...
Aún callada la boca, resta el pecho.
Silencio en la ciudad ya no se escucha.
De que me vale ser hijo de una santa,
mejor sería ser hijo de otra,
otra realidad menos muerta,
tanta mentira, tanta fuerza bruta.


Padre, aparta de mí ese cáliz
de vino tinto de sangre...


Es tan difícil despertar callado,
si en lo callado de la noche me lastimo.
Quiero lanzar un grito infrahumano,
que es una manera de ser escuchado...
Todo este silencio me atolondra,
atolondrado permanezco atento
en el palco, para en cualquier momento
ver emergir el monstruo de la laguna.


Padre, aparta de mí ese cáliz
de vino tinto de sangre...


De tan gorda la puerca ya no anda.
De tan usada la navaja ya no corta
Es tan difícil, padre, abrir la puerta
de esa palabra presa en la garganta,
ese trago homérico en el mundo.
De qué vale tener buena voluntad
si callado el pecho, resta la cabeza
de los ebrios en el centro de la ciudad.


Padre, aparta de mí ese cáliz
de vino tinto de sangre...


Tal vez el mundo no sea pequeño,
ni sea la vida un hecho consumado...
Quiero inventar mi propio pecado.
Quiero morir de mi propio veneno.
Quiero perder de una vez tu cabeza
y con mi cabeza perder tu juicio.
Quiero oler humo de óleo diesel
y embriagarme hasta que alguien me olvide.


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