La Coctelera

El Mono Sapiens

 

9 Agosto 2005

Los terrores nocturnos y el sueño de los pajarracos



El Tucán es somnílocuo. Habla durante el sueño. Y cuando digo “habla”, me refiero a que recita versículos enteros del evangelio según San Mateo, reproduce en voz alta y clara un discurso de Fidel Castro el primero de mayo en la Habana. Como su nido de paja está a menos de un metro de mi cama, me paso toda la noche escuchando cuentos de Ray Bradbury donde astronautas atraviesan la atmósfera y caen como estrellas fugaces. O balbuceos incomprensibles en algún dialecto arameo, o simples e interminables gorjeos.
Si es domingo, casi seguro relata un partido de fútbol durante la madrugada, con avisos publicitarios en el entretiempo y comentarios deportivos al finalizar el sueño. Aunque su voz monótona termina por adormecerme, cuando grita un gol, salto de la cama invariablemente y me desvelo. Pero el caso se complica cuando se le da por el canto lírico; más de una opera de Verdi nos ha traído graves problemas con los vecinos. Las copas de cristal se quiebran en sus estantes, los vidrios de las ventanas estallan y llueven las denuncias en nuestra contra.
Así no hay cuerpo que aguante, ni amistad que no se resienta, por las ganas de taparle la cabeza con la almohada hasta acallarlo para siempre... Hace tiempo que duermo con tapones de algodón en los oídos, pero a veces no logro escuchar el despertador y en el trabajo ya me miran con recelo. Nadie me cree... Les digo que estoy viviendo con un somnílocuo y todos se me ríen en la cara y me palmean la espalda.
Pero es cierto. Soy yo el que sufro el suplicio cada noche, pues él duerme, habla a sus anchas, y a la mañana no recuerda nada. Ya fuimos al veterinario y nos dijo que se trata de un hábito oral neurótico, un fenómeno transitorio propio de los pájaros de sueño pesado y tenso. Nada grave, pero sin tratamiento conocido.
Entonces hemos probado con métodos alternativos. Beber leche tibia con miel. El conteo de ovejas del mayor de los rebaños. Poner música sacra o New Age. Hervir las hojas de una planta nicaragüense hasta obtener un té de Dormilona. Entonar un mantra. Hacer yoga. Chupar whisky caliente hasta caerse...
Ya de últimas, he optado por comerme media docena de bananas, tres kilos de hormigas culonas, dormir boca arriba y tapar sus monólogos con mis estridentes ronquidos.
Como dice el refrán: si no puedes con ellos, únete a ellos. ¡Hasta que nos desalojen de la casa los vecinos...!


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finchu

finchu dijo

Lo que no te pase a ti

9 Agosto 2005 | 01:32

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El capitalismo no es salvaje. Es el imperio de la civilización, el más alto exponente de la perversión de la inteligencia usada para la dominación de la naturaleza y la explotación de animales y hombres, tratados como bestias de carga. Nuestro instinto de conservación, esa bella fiera apenas domesticada, resurgirá y seremos kingkones.
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