Primero se llevaron a las mejores mujeres
pero a mi no me importó
porque todavía sobraban de las buenas.


En seguida se llevaron los vinos más añejos
pero a mi no me importó
porque yo bebía cualquier banana.


Después se robaron todos los canapés
pero tampoco me importó
porque conmigo pan y cebolla alcanzan.


Luego se llevaron los juegos de mesa,
las tierras más fértiles,
los minerales, las piedras preciosas,
el agua, el gas, el petróleo...


Me empezó a importar
cuando ya me faltaba el aire.


Preguntó yo
¿y a nosotros
cuando nos llevan?
¿O ya es demasiado tarde
para interrogantes...?