Como es un típico domingo a la noche, con más o menos soledad, según se mire, nos dan ganas de compartir con ustedes unas baladas de François Villon (1431-1463). Juglar francés considerado como el último poeta lírico del medioevo, y el primero de los que más tarde se llamarían “poetas malditos”.
Balada del concurso de Blois
Muero de sed junto a la fuente,
caliente como fuego, diente con diente tirito.
En mi país estoy en tierra lejana;
junto a un ardiente brasero tiemblo.
Desnudo como un gusano, vestido de presidente,
rio llorando y espero sin esperanza.
Me reconforto en triste desesperación,
me divierto y no hallo placer alguno.
Poderoso soy sin fuerza y sin poder.
Bien acogido, de todos rechazado.


Nada me es más seguro que lo incierto.
Ni oscuro, excepto lo que es muy evidente.
Ni dudo, salvo en cosa cierta,
tengo a la ciencia por súbito accidente.
Todo gano y sigo perdedor,
al amanecer digo: "¡Dios os dé buena noche!".
Tendido de espaldas, tengo gran pavor de caer.
Tengo riqueza y no poseo nada;
espero una herencia y no soy heredero de nadie.
Bien acogido, de todos rechazado.


De nada tengo cuidado, si pongo todo mi esfuerzo
En adquirir bienes de los que no soy pretendiente;
Quién más me quiere es quién más me ofende,
y el más sincero es quién mejor me miente,
mi amigo es aquél que me hace mirar,
que un cisne blanco no es sino un cuervo vestido de negro.
Y quien me daña, creo que me ayuda;
mentira, verdad, hoy me es todo uno.
Recuerdo todo, no sé concebir nada.
Bien acogido, de todos rechazado.


Balada en vieja lengua francesa
Porque también el Santo Padre,
ceñido con estolas santas
con las que coge por el cuello
al diablo que maldad rezuma,
muere igual que se muere un lego:
una brisa suave lo arranca:
seres son que se lleva el viento.


Y también de Constantinopla
el Señor de dorado yelmo,
o de Francia el Rey generoso
que sembró iglesias y conventos
en honor a Dios, y que ha sido
el más glorioso de los nuestros,
si en su tiempo los adoraron
seres son que se lleva el viento.


Y asimismo el Delfín de Vienne
y Grenoble, el prudente, el fiero,
o de Dijon, Salins y Dole
el Señor y su hijo heredero,
o su gente misma, sus cortes,
pese a todo lo que engulleron,
sus escuderos, sus heraldos,
seres son que se lleva el viento.


Van los príncipes a la muerte
como el clérigo y como el siervo,
y así se enfaden o entristezcan
seres son que se lleva el viento.


Villon vagó por toda Francia. En 1461 fue arrestado por orden del obispo de Orléans y encarcelado en la torre de Meung. Sin embargo, al cabo de unos meses, tanto Villon como los demás prisioneros recibieron el perdón de Luis XI. Villon regresó a París en 1462, pero no tardó en verse envuelto de nuevo en graves problemas. Fue detenido por su presencia en una reyerta y condenado a muerte. Un año más tarde, su sentencia fue conmutada por el destierro. A partir de este momento no se dispone de información sobre sus actividades. Sin embargo, este breve poema parece anticipar su última suerte.
Yo soy François, lo cual me pesa.
Nacido en París, cerca de Pontoise.
Y en el extremo de una soga
sabrá mi cuello cuánto pesa mi culo.