Era la frase que la mujer del odontólogo Barreda le repetía siempre a su maltratado marido y que, según él, fue una de las torturas psicológicas que lo llevó a cometer uno de los asesinatos más recordados de la Argentina. Cabe mencionar que la palabra “conchita” se refiere, en este país, al órgano sexual femenino y que su mujer la utilizaba para tratarlo como a una sirvientita.
"Andá a podar la parra, conchita", dice que le repitió su mujer, Gladys Mc Donald. Un minuto después, tomó una escopeta que le había regalado su suegra y mató a su esposa. Siguió con una de sus hijas, Cecilia; luego con Adriana, su otra hija y, por último, acribilló a su suegra, Elena Arretche. Fue a las 9.15. La coartada ("hubo un asalto") la sostuvo hasta la madrugada siguiente.
No fue una confesión traumática. Contó todo con suficiencia, la misma que mostró en el juicio.
Ahora quiere armar una nueva vida fuera de la cárcel. Tiene una novia y la carrera de abogacía por la mitad. El abogado Eduardo Gutiérrez explicó que, como preso, Barreda tiene calificación de "diez sobresaliente" y que esto podría ayudar a su excarcelación.
La historia se remonta al 15 de noviembre de 1992 y se desarrolla en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Al ser detenido, Barreda expresó a un funcionario policial que "harto de bromas, odios, indiferencia y desamor, subí (al primer piso de la casa), tomé la escopeta, bajé y comencé a disparar a mi esposa y a mi hija menor", para luego asesinar a su hija Cecilia. "Luego (disparé) a la vieja (por su suegra), ésta me arruinó la vida de casado, de soltero y de mi familia", contó Barreda al policía en esa oportunidad.
En su declaración indagatoria ante el juez de instrucción, el odontólogo reconoció haber disparado contra las cuatro mujeres y "al verlas en el suelo y pensando que estaban muertas todas, sentí una sensación de alivio, de liberación y de que había hecho justicia".
Su caso tomó estado público y fueron numerosas las voces que se alzaron en defensa del dentista y de su actitud justiciera. Hasta hoy, su historia provoca el repudio o la simpatía de feministas y machistas, y hasta una reconocida banda de rock (Attaque 77) le ha dedicado un tema, titulado Barreda´s way. Su tragedia se transformó en leyenda.
Luego de trece años de prisión, los abogados defensores pidieron su arresto domiciliario, al que está en condiciones de acceder por cumplir el 16 de junio pasado la edad mínima de 70 años, requerida para obtener ese beneficio. Su intensión es "formar una nueva familia" con su novia, que vive en las afueras de la misma ciudad y lo visita a menudo en la prisión.
Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia, rechazó hoy (27 de julio de 2005) su pedido de excarcelación. Fuentes judiciales informaron que por voto unánime de todos los ministros de la Corte, se consideró "el recurso extraordinario como inadmisible".
Esta será otra noche más en el presidio, otra noche más en Buenos Aires, donde miles de dictadores asesinos andan sueltos por la calle o, ya con más de 70 años, gozan de su cómoda prisión domiciliaria.