La Máquina de enderezar bananas

A la hora del derroche y el consumo, nos gusta comprar cosas inútiles. Cuanto más superfluas y aparatosas mejor... Eso nos hace sentir más sofisticados, millonarios extravagantes, casi metrosexuales europeos. Pero como en nuestro barrio no existe el Corte Inglés ni tiendas especializadas en chucherías ultramodernas, vamos al bazar de Don Joaquín, a revolverle las vitrinas. Aunque él vende más bien platos y artículos de cocina, como ya conoce nuestras manías, siempre trae alguna cosita extraña, algún artefacto inservible pero exótico y metalizado. Porque sabe que la mercadería atrae cuando más brilla.
Los otros días el Tucán cobró muy buena guita, por aparecer sobre una rama, detrás de la actriz que sugería las bondades de un yogur de marca registrada. Apartó un fajo de morlacos y, como se acercaba la fecha de mi cumpleaños, me invitó a que eligiera mi propio regalo.
Don Joaquín me dejó a mis anchas, “revise nomás”, me dijo, y yo me froté las manos y la emprendí con ganas. Le di cuerda a una cajita de música y empezó a sonar la marcha fúnebre, mientras se abría un féretro y se asomaba un muertito tan patético que era para morirse de risa. Descarté una pistola de rayos catódicos porque llevaba como ocho pilas, y pesaba. Me entretuve con la medallita de una Virgen que no Produce Milagros, la froté, como indicaba el prospecto, y, para mi asombro nada sucedió, ni se apagaron las luces, ni llovieron panes, ni dejaron de morir por desnutrición cien niños ese día...
Al final, me quedé con una maquinita de enderezar bananas. Era sencilla, a manivela o enchufable, y relucía en mis manos de mono como una margarita. Ahí la tengo, si quieren verla, la uso de vez en cuando para no despreciar al Tucán, o para enderezar alguna banana que justo venga muy, pero muy, lo que se dice bastaaante revirada.


=La Fulana= dijo
No digas... Yo pasé por esa huevada, y un día de esos en que el biorritmo baja, me compré un pajarito azul de plástico, que cuando apretás un botoncito, se agacha y levanta un palillo escarbadientes. O sea, una pelotudez suprema. Juajua.
18 Julio 2005 | 10:54 PM