La vida humana sería mucho más fácil y placentera si se le agregaran algunas facultades de la vida animal. Es decir, si a las mujeres y a los hombres se les notara el periodo de celo, aunque más no sea con un rubor verduzco en sus rostros, u alguna otra señal ineludible de la naturaleza. Y si, por la gracia de una mutación evolutiva, los hijos de puta nacieran con un solo ojo, bien notorio y en medio de la frente...