Fue una tarde de verano, en un terreno baldío, cerca de casa. El Tucán de delantero, yo en el arco, y el resto del equipo que no venía, o que andaba rengo, o ya muy borracho.
Del otro lado: el hijo del comisario, el dueño de la pelota, un obispo, cuatro abogados, dos militares de alto rango, unos cuantos publicitarios, tres gerentes de banco, un asesino serial, veinticinco diputados, un financista en apuros, un boxeador retirado.
Y al Tucán le dieron ganas de ir al baño...