El Tucán leía todas las tardes el periódico, y andaba preocupado por el aumento de la contaminación, el desecho de productos tóxicos y el hambre en el mundo. Dejó el diario apoyado en la mesa, se sirvió un trago de vino y me dijo:
-“El hombre tenía que haber nacido sin apetito... O mejor, sin boca ni culo”. -Yo sonreí, pero me quedé pensando...
-“No es mala idea”, -cometí el error de decirle. Entonces él contraatacó con todas sus ideas delirantes.
-“Claro que no. Imagináte... No se precisaría comer ni se arrojarían desechos fecales. Se terminaría el hambre y la dependencia de trabajar por el sustento diario... Y prácticamente no tendría más sentido la sociedad capitalista...”
-“No te preocupes”, -le dije yo, con cierta malicia, -“ya se la van a ingeniar los capitalistas para seguir viviendo de nosotros. Acordate que no sólo de pan vive el hombre”.
-“Bueno”, -reflexionó el Tucán, haciendo una pausa apenas para darle más fuerza a sus palabras.- “El que prefiera levantarse a las cinco de la mañana en pleno invierno para comprarse un aparato a pilas o una ropita de moda, que vaya... ¿quién se lo impide?... Lo mío no es la dictadura del proletariado, es una democracia desbocada y desculativa. Al que le gusta que le rompan el trasero que haga de su culo un jardín botánico...”
-“¿Y el estómago?”, -le pregunté yo.
-“Desaparecería, dándole lugar a otros órganos más útiles. El hígado o los pulmones crecerían a sus anchas y eso aportaría nuevas energías... Entonces eso de Te ganarás el pan con el sudor de tu frente se acabaría. ¡Que se metan el sudor y el pan en el... culo, no... porque no existiría... ¡Pero que se lo metan debajo del brazo y que se vayan a... cagar, tampoco... Bueno. Hay cosas que me faltan pensarlas todavía”.
-“Si”, -repliqué yo. -“Por ejemplo no pensaste en la necesidad de beber agua” -Y arremetí, aprovechándome de su desconcierto. -“No me digas que tampoco precisaríamos de líquidos para vivir... ¿Por dónde meteríamos el agua?”
-“Ya pensé en eso... El hombre desarrollaría algún apéndice por donde introducirla...”
-“Si, claro...” -cuestioné yo. -“Pero entonces el agua valdría más que el petróleo y habría que trabajar como mulas para conseguirla...”
-“De ningún modo...” -Se exaltó el Tucán, sintiéndose atacado en su amor propio. -“Absorveríamos los líquidos necesarios de la humedad ambiente. Lo que se conoce como vivir del aire...”
-“¿Pero si la gente habitara en un clima seco, como el desierto...?” -lo acorralé.
-“¿Me querés decir porqué razón, un hombre sin culo ni boca, tendría que irse a vivir al desierto...?”
Contuve mi bronca y lo miré sin odio, pero con ganas de asesinarlo. Noté que se sonreía por dentro, como sabiéndose vencedor de un nuevo combate discursivo. Entonces, puse mi mejor mueca de derrota y le dije: “Viéndolo de ese modo... tenés razón... Incluso a mí me hubiese gustado nacer sin orejas...”
-“¿Por qué?” -preguntó él, cayendo en mi trampa ingenuamente.
-“Para no tener que escuchar todas tus estupideces...”