Nunca te drogues con un tucán
![]()
Al Tucán le gustan las hormigas. No es que sienta aprecio por ellas. Se las come. Le gustan las negras, gorditas y culonas. Y a veces, sobre todo en verano cuando el insecto abunda, suele agarrarse unos empachos de ácido fórmico que queda girando en círculos concéntricos y hablando en esperanto. Yo, para no perderle pista ni pisada, o simplemente para no estar lejos de su altura, lo acompaño con dos o tres kilos de hormiguitas culonas. Nos pasamos toda la noche bailando tarantelas y recitando en lenguas muertas...
Pero en invierno, cuando el insecto brilla por su ausencia, el Tucán recorre el barrio visitando hormigueros previamente detectados, y traza largas líneas de azúcar que terminan en el umbral de nuestra casa. Entonces, las espera...
Y cuando aparecen, medias dormidas pero endulzadas, las picotea una por una, por orden de llegada; para que la primera no avise a las de atrás y tarden en darse cuenta de la trampa.
Las hormigas, así azucaradas, producen un aumento de la glucosa en sangre y la vilirrubina sale disparada. En esos casos, y como estamos en la puerta, yo trato de comer lo justo y necesario para mantenerme a raya. Pero el Tucán sale volando por los aires, ejecuta piruetas impensadas, inventa groserías en cuartetos donde rima todas las variantes de la palabra culo. Y se ríe a carcajadas. El escándalo alarma a los vecinos de tal modo, que se han tomado el trabajo de exterminar los hormigueros aledaños.
El Tucán ya está pensando en las termitas y yo, en mudarnos de barrio cada tanto...


finchu dijo
Y yo sigo pensando que eres la ostia.
7 Julio 2005 | 02:00 AM