Así como hacían con los locos en el medioevo, yo llenaría una nave con todos los poderosos del mundo. Remontaría la mar con esa carga pesada, esa lacra de burgueses asesinos y piratas y anclaría el buque en medio del oleaje bravío. Luego hundiría la nave en pleno océano y que naden como viejos tiburones, ya que saben flotar esos cobardes. O que se hundan también, por el propio peso de sus culpas, expiadas en concíbulos secretos, en reuniones de la bolsa de comercio o en sus claustros de arrastrar al mundo hacia el abismo.
Después esperaría en el puerto... Y a los que llegasen a la costa a salvo, los dejaría en una playa desierta, unidos con sus mismas amarras a un timón que gire sin sentido. Puestos a ver como la humanidad navega libre de sus lastres, como se ha quedado ya sin capitanes y anda, sin embargo, con todas las velas desplegadas, viento en popa. Haciendo de su ocaso jubilosos amaneceres.
07/07/05 ·
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Autor:
titi ·
no estoy de acuerdo.
Tienes razón. Si al menos hubiese sido una animalada... Pero salió de mi bronca más tosca y humana. Hay días y días y post y post. Gracias por tu crítica imparcial.
Pero tu que tienes contra el mar, que bastante basura le echamos ya.
Me hiciste recordar un triste episodio de mi vida, durante el periodo militar obligatorio que me tocó vivir.
Entre ejercicio y ejercicio habia un capitan que se encargaba de la comedura de tarro de los reclutas.
Nos sentaba para descansar y nos hablaba de los temas que para el debian de ser importantes, como las bondades del regimen franquista que él definía como dictablanda.
Decia: Yo a los drogadictos los metia a todos en un agujero muy grande hecho en la tierra, y le echaba la droga a paladas, pero ahí, sin salir del agujero, que se mueran agusto y sin molestar a nadie.
Luego a nosotros nos tocaba ejercicios con armas y el se iba a la cantina y se ponia hasta el culo de coñac.