
¿Qué hora es? ¿Las cinco, las siete, las veinticuatro? No sé. Al menos dejó de llover y ya estoy entusiasmado. Retengo unas poderosas ganas de contarle a alguien que he arreglado el depósito del baño con mis propias manos, y ya no cae el agua en catarata. De explicarle a cualquiera que tenga el oído despierto que he amanecido con un júbilo diferente, con el ímpetu de un bombero voluntario o de un piromaníaco contemplando alborozado sus incendios interiores.
Salgo a la calle y pregunto: “¿Tiene fuego...?” El hombre tantea por instinto sus bolsillos, pero contesta: “No tengo, me olvidé el encendedor y los cigarrillos”. Entonces le convido uno y salimos a la caza. Damos con otro fumante que enciende nuestros vicios. Nos saludamos. Ambos desaparecen como una bocanada de humo.
Ya que estoy en la esquina converso con un vecino. Es un tipo de pocas migas, más bien hosco o inexpresivo. Yo le doy charla, lo instigo con interrogantes que invitan a dar respuestas inmediatas, o frases que convocan a la confesión, a la intimidad sin concesiones. El duda, mira su reloj, se hace el ocupado y trata de apartarse. Al final, me cuenta que es radioaficionado.
Por las noches, subido a los techos, regula su antena para poder hablar unos minutos con un colega mexicano, o con una novia virtual y lejana en algún rincón de Pontevedra. Es su hobbie -pero más-, es su pasión, su verdadero trabajo no asalariado, -o más todavía- su vida entera si pudiera, si lo dejaran. Yo le muestro mi colección de corchos de vino tinto, que llevo a todos lados por si cuadra, por si algo se presenta. Pesa tan poco...
De pronto, atropellan a un ciclista. Nada grave. El manubrio y la rueda de adelante todos retorcidos. Pero el muchacho sobrevive. Apenas rasguños en los codos y una sonrisa herida. Interviene un patrullero de la policía y más adelante, posiblemente, abogados de ambas partes. ¿Pero qué hora es...?
El vecino se despide. Las tripas empiezan a silbar... El hambre es un límite más preciso que reloj suizo. Y del cielo no llueven ni panes ni churrazcos...
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"pesa tan poco..."
"y una sonrisa herida."
cada dia sos mas gardel, monito.