O Galo Garanhão amaneceu com muitas vondades de transar, fazer amor mas com uma outra fêmea de um outro galinero. Galo de fronteira, perto de Fox do Iguazú, cruzou a nado as aguas e ficou a bera do rio a esperar alguma galina argentina. Cantó en portuñol para que todos entendieran sus ansias de macho cabrío, su orgullo de gallo, más gaucho que brasileiro, y de Rio Grande do Sul.
Animal bilingüe por donde se lo mire, poseía una lengua bífida o partida en dos como la de las serpientes, pero más grande todavía. Semejante lengüeton le había dado más de un aplauso de aleteos en gallinero propio, y riñas, en gallinero ajeno.
Aunque petizo, descolorido y pobretón, no había gallo -por más carioca o paulista que fuera- que se pudiese enfrentar ante sus dotes amatorias. Sabía que el amor no se trataba de apenas pisar gallina por gallina, y dio rienda suelta a su imaginación plumífera y a su lengua bifurcada y juguetona, haciendo historia en cada arremetida. Las comadres ponían sus huevos de a docena, los dejaban apilados en perfecta simetría y salían en búsqueda de nuevas alegrías.

Ganó todos los Concursos de Reproductores y estableció récords hasta ahora nunca igualados. Su perfil fue logotipo sobre paquetes de Pollos Congelados y en la venta de Productos para Aves. Hizo crecer tanto su fama, su linaje y los bolsillos de sus dueños, que llegó a viejo con todos los honores y las libertades.
Y allí estaba, entrado en años, pero suelto y potente como un pollito en tierras extranjeras, con sus ansias recién descascaradas. A lo lejos, o de longe, escuchó un cacareo curioso, reclamante... Por el tono, supo de entrada que se trataba de una gallina joven, y argentina hasta las patas. Se acercó sin hacer bulla, pero erizando sus plumas y su pose preparada. La gallinita, blanca, blanquísima de cuerpo y alma, lo vio picoteando distraído y arrancando una lombriz como un fideo. Juzgó su porte, su edad y su tamaño y se fue cloqueando su decepción de hembra primeriza. Pero el gallo, clavando su espolón como palanca, salió despedido por los aires; voló por primera vez y con tanta gracia, que todo sucedió como en las fábulas.

Y fue el amor una consigna mutua, un millar de huevos empollados por los dos a la intemperie y un trashumar por los montes, las sierras y las pampas. Andaron tanto, por andar juntos -el Garanhão y la Clotilde- que atravesaron los desiertos Patagónicos, sin que su historia figurase en enciclopedias sobre pájaros, ni en documentales del National Geographic.
Sin embargo, unos turistas japoneses de visita por Usuhaia, aún conservan una curiosa foto junto al Faro del Fin del Mundo...
Allí aparece Clotilde, como perdida contra el blanco de la nieve, hermosa como una angélica gorda de pecados, y el Garanhão, achucharrado de frío, pero con la cresta siempre bien alta... Y picoteando todavía... Ou ainda transando como maluco beleza.