La Inquietante Evolución del Espermatozoide
Como entidad viviente que fue y que es, le pese a quien le pese, los espermatozoides evolucionan con el paso del tiempo y ni siquiera se sospecha en dónde puedan acabar.

El espermatozoide –o gameto masculino– es una célula muy especializada; su forma parece haber sido modelada de acuerdo con la función que debía desempeñar: la de fecundar al gameto femenino, noble tarea. Después de muchos coitos y estudios comparativos entre diversas especies de animales se ha comprobado que el aspecto y el tamaño de los espermatozoos son muy variables, debido a la intensa presión selectiva a la que han estado sometidos a lo largo y ancho de la historia.
En 1677, el tallador de lentes holandés Antony Von Leeuwenhoek observó al microscopio el eyaculado de un enfermo de sífilis y encontró unos "animáculos móviles del esperma" a quienes les atribuyó la causa de la enfermedad. Pero al examinar el semen de hombres sanos, el holandés se convenció de que los espermatozoides eran componentes normales del semen, y que más que enfermar, embarazaban. Después de un siglo de masturbación intelectual y polémica al respecto, el italiano Lazzaro Spalanzani pudo, en 1780, inseminar artificialmente a una perra, concluyendo que el espermatozoide es la célula de origen masculino que está implicada en el proceso de fecundación. Nacía el espermatozoide moderno.

El primitivo espermatozoide marino
En los invertebrados marinos que practican la fecundación externa –la forma más primitiva del encuentro entre los sexos–, el espermatozoide surgió como la célula encargada de movilizarse en el agua en busca de los ovocitos libres depositados por las hembras. Desarrolló entonces sus dotes de experto nadador que hasta hoy se le conocen, perfeccionando el estilo pecho y el chapoteo proporcionado por proteínas y mitocondrias. En este acuático sentido, se ha conservado sin grandes cambios en aquellos vertebrados que continúan fornicando bajo agua (piragua), como los salmones, los sapos y quizás algún buzo de tiempo completo.
El espermatozoide deja el agua
Para evitar ahogos y problemas reumáticos ocasionados por la humedad, la fecundación interna surgió en los animales marinos para aumentar el éxito de las orgías oceánicas. Nuevamente, estos verdaderos atletas de la reproducción tuvieron que adaptarse, esta vez a fecundar huevos ubicados en el interior del organismo. De este modo, el espermatozoide adelgazó –compactando su núcleo–, y se alargó, principalmente a expensas del tamaño de su cola. Con tal de copular más eficientemente llegó a perder su valiosa extremidad como en el caso de ciertos crustáceos, peces y gusanos.

A la conquista de la tierra...
La fecundación interna posibilitó el establecimiento de la vida animal en tierra firme. Así, en los artrópodos, el aparato copulatorio se refinó tanto que la movilidad espermática quedó relegada a un segundo plano; los espermatozoides fijos se enviaban en paquetes llamados espermatóforos, los que eran depositados en el buzón genital de la hembra por el macho, que oficiaba de cartero pervertido. Esta mutación postal continúa hasta nuestros días en los escorpiones y arañas.
Por el contrario, en los otros animales terrestres, incluyendo lombrices, caracoles, insectos y vertebrados, el espermatozoide potencia su capacidad móvil y se alarga de tal manera que, en los reptiles y las aves, tiene la ridícula forma de un hilo. Sin embargo, ya se ha adaptado a moverse en fluidos densos y a fecundar la gameta femenina –u ovocito- penetrando en su membrana vitelina. El resto de los envoltorios que finalmente conforman el huevo, incluida la cáscara, es adicionado en los genitales femeninos después de la fecundación.
De acuerdo a las condiciones climáticas de la vagina y al tipo de óvulo encontrado en su camino, el espermatozoide varía la forma de su cabeza hasta convertirla en ingeniosas herramientas. A veces la tiene en forma de pala (como en el tatú carreta), de gancho (el ratón) o de cuchara (el peludo y el gualacate).
Y llegamos al hombre...
El espermatozoide humano posee una cabeza oval ocupada en su gran mayoría por el núcleo, que contiene el ácido desoxirribonucleico, o ADN, donde reside la información genética paterna. El cuello conecta la cabeza con la cola y esta es responsable del movimiento flagelar, formado por un conjunto de tubos y fibras longitudinales que funcionan como timones para regular el movimiento del esperma.
Se cree que el tamaño del espermatozoide se relaciona con su vida media en el tracto genital de la hembra y con la duración del proceso de fecundación.
Consideraciones finales
La competencia dentro de los genitales femeninos entre espermatozoides provenientes de eyaculados de diferentes machos de una especie, se ha establecido como un factor de selección primordial en la determinación de las dimensiones de los mismos. Al parecer, los espermatozoides de colas más largas tendrían la capacidad de desplazarse a mayor velocidad, de llegar más rápidamente al ovocito y de penetrar más fácilmente sus cubiertas.
Sin embargo, no se ha establecido de manera fehaciente cuáles son los factores que han influido en los cambios de forma y tamaño que experimentaron los espermatozoides. Ni se sospecha cuáles serán sus próximas adaptaciones. ¿De qué manera reaccionarán al uso constante de preservativos, Viagras, el estrés, la contaminación ambiental, la mala alimentación y las webs pornográficas? Algunos estudios aseveran que disminuirá en cantidad pero ganará en calidad, terminando quizás en un solo espermatozoide, gordo, cabezón pero gracioso como un renacuajo.
Más allá de conjeturas, sigue sin poder determinarse la forma definitiva que tendrán los espermatozoides del futuro y quién nació primero: si el huevo o la gallina. Se aceptan donaciones.
Versión simiesca del estudio elaborado por Pablo D Cetica y María Susana Merani (Centro de Investigaciones en Reproducción, Facultad de Medicina, UBA)


Finchu dijo
Lo siento no tengo bastante dinero.
19 Junio 2005 | 12:26