NACE LA ORGANIZACIÓN DE LOS MANDRILES ESTREÑIDOS

Todos saben que los chimpacés escriben, los orangutanes suman y restan, los micos se multiplican y los mandriles se enojan con asombrosa facilidad. Esa tendencia a la irascibilidad no es tanto una reacción meramente instintiva sino, más bien, una vocación alternativa, un puro divertimento. Esa es su gracia. A punto tal que, los más exaltados, alteran su alimentación por una dieta seca, digiriendo alimentos astringentes como arroz con queso o corteza de árbol viejo, hasta entupir sus vientres.
Bien podrían purgarse con frutas verdes u hojitas tiernas, pero no. Prefieren contener el libre tránsito intestinal, dominar el delicado arte de cagar regularmente en pos de ideales más elevados, como templar aún más su ímpetu guerrero y realzar la tremenda y sanguinolenta protuberancia que les asoma de su rojizo culo.
Mantenerse cabreros es una tarea grupal encarada con alegría, naturalidad y esmero.
Excusas para embroncarse encuentran de a miles en el moderno hábitat de nuestros días. Boludos inconmensurables acercándose con sus camaritas digitales, papanatas que arrojan latitas de gaseosas, pánfilos colgándose del alambrado para reírse de los monitos, o cuidadores mal pagos y/o decididamente despiadados.

No es extraño comprender porque, esta numerosa familia simiesca, sea tan proclive a meterse en todo tipo de reyertas, pleitos, causas perdidas, luchas desiguales, broncas pasajeras. Ni es de asombrar, entonces, que ciertos miembros de la misma hayan formado un grupo de choque, una guerrilla que, sin apartarse en nada de los acostumbrados rituales de la vida monal, dediquen su tiempo libre a solucionar los problemas de la especie mediante el uso de la acción directa y la revuelta sin más trámites.
Lo que en verdad preocupa a investigadores, gastroenterólogos y veterinarios, es la posibilidad cierta de que esta actitud se extienda al resto de la comunidad simiesca o se propague al seno de las otras especies. Por las dudas y como medida de prevención, los directores de zoológicos locales han decretado una dieta rica en fibras, alimentos con alto contenido líquido y pequeñas dosis de laxantes.
De seguir así, el mundo se nos seguirá llenando de bichos cagones.


=La Fulana= dijo
Monito: ¿vos no serás uno de esos que buscan roña verdad?
18 Junio 2005 | 01:58 AM