El Papa afirmó ayer, en su audiencia con los obispos africanos, que las enseñanzas de la Iglesia en defensa de la castidad representan “el único medio seguro para combatir el sida”, que está devastando el Africa negra, reiterando la oposición del Vaticano al uso de preservativos, una línea de principios intransigente a los que se oponen organismos internacionales, grupos científicos y gran parte de la opinión pública mundial.

En la tradición católica la castidad del soltero es la completa abstinencia y la del casado la unión sexual exclusivamente con su cónyuge.

En Africa habitan 40 de los 60 millones de personas que padecen el sida en el mundo. Un estudio de las Naciones Unidas pronosticó que dentro de 20 años morirán infectados por el VIH más de 80 millones de africanos y que la enfermedad contagiará a más del 20% de los habitantes del continente si no se amplían los programas de prevención, basados en el uso de condones, y el suministro masivo de las medicinas que permiten controlar la agresividad del virus, convirtiendo al sida en una enfermedad crónica.

Hay dos tipos de VIH: el VIH-1 y el VIH-2 que tienen códigos genéticos diferentes.
El VIH 1, se cree que proviene del chimpancé y que ha existido desde hace largo tiempo en poblaciones humanas que lo toleraban relativamente bien.
El VIH 2 se ha pensado que proviene de los monos africanos, país en donde el SIDA se ha desarrollado con gran velocidad entre la población y si bien su transmisión es más difícil, también es causante de la enfermedad con menor frecuencia y menor rapidez que el VIH 1.
En el X Congreso internacional del SIDA en Yokohama (agosto de 1994), el Dr. Yuichi Shiokawa afirmó que el SIDA sólo sería controlado si los africanos contenían su lujuria. El profesor Natham Clumeck de la Universidad Libre de Bruselas se mostró escéptico en cuanto a que los africanos lo hicieran: en una entrevista en «Le Monde», Clumeck afirmó que “sexo, amor y enfermedad no significan lo mismo para los africanos que para los europeos porque el concepto de culpa no existe como en la cultura occidental judeo-cristiana”.
Estos mitos racistas sobre los excesos sexuales de los africanos no son de ahora. Los primeros viajeros europeos volvían del continente con historias de negros que realizaban proezas carnales atléticas con unas mujeres negras sexualmente insaciables. Estas afrentas a la sensibilidad victoriana sirvieron de justificación, junto con los conflictos tribales y otras conductas «incivilizadas», para el control social colonialista.
Sin embargo, se ha comprobado con estudios científicos que el virus solo se transmite directamente de persona a persona y no de animal a persona, por lo que también se maneja la hipótesis de que se desarrolló en un lugar aislado y se diseminó por el estilo de vida occidental y cristiano, la libertad que existía en la donación de sangre y órganos humanos y el uso compartido de agujas y jeringas; provocando que en su largo andar se volviera más activo y agresivo.

Benedicto XVI subrayó “con gran preocupación” cómo la estructura de la vida africana está “amenazada por el divorcio, el aborto, la prostitución, el tráfico de seres humanos y una mentalidad que favorece el uso de los anticonceptivos”, lo cual es “todo lo que contribuye al derrumbe de la moral sexual” en el continente.

Por otra parte, cincuenta millones de italianos han sido convocados para mañana y el lunes a votar en un referéndum para abolir o mantener una ley de bioética, sancionada hace un año y medio, muy restrictiva en materia de fecundación asistida.

El Papa apoyó abiertamente la recomendación de la Iglesia italiana que pide a los ciudadanos sabotear las urnas para lograr que el referéndum fracase al no obtener el 50% más uno de los votos necesarios.