Por alguna razón demasiado ciberenigmática para un sencillo mono de barrio y su tucán, el que había sido nuestro dulce hogar se ha transformado en un sitio lleno de incompatibilidades con cada uno de los navegadores. A veces no se puede entrar o se ve por la mitad o no se pueden dejar comentarios. Lo que más nos ha entristecido es que una gran cantidad de los post anteriores (más de 400 artículos) aparecen desarmados, con letras gigantes, increíblemente pequeñas o decididamente invisibles. Reconozco el pecado de haber utilizado el código html para embellecer un poco los textos pero, en todos los casos, me he tomado el trabajo de verificar su normal funcionamiento en cada navegador antes de publicarlos. Las mejoras y cambios que se establecieron en La Coctelera parecen haber entrado en choque con estos códigos que antes funcionaban a la perfección. He probado entonces en publicar el último poema "Conventilleros" sin agregar nada más que los valores establecidos por La Coctelera; aun así los problemas continúan y el poema se ve por la mitad y no se le pueden dejar comentarios. Así que ya no sabemos qué hacer. Mientras esperamos que las cosas se solucionen estamos preparando, con nuestro amigo el Ingeniero Ovest, un nuevo blog en otro sitio. Este próximo delirio ya lleva el nombre de "El País Bananero", que, al ser un periódico de noticias frescas tratadas con humor, está en proceso de elaboración. Su frase de cabecera (proveniente del Dr. René Favaloro) será "Trabajamos por el país y nos pagan con mortadela". Cuando el proyecto esté más o menos visible ya se lo comunicaremos. Mientras tanto seguiremos posteando aquí como se pueda. Y en espera de que este viejo blog se estabilice y mejore. Un abrazo de Mono y un aletear del Tucán para todos.
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          El equipo alemán se frena en mitad de la cancha y decide permanecer en esa posición. Los suecos se agolpan en una barrera impenetrable que cubre todo el ancho de su arco.
          Directo al túnel, los croatas pasan por alto los vestuarios y salen a la calle, interrumpiendo el tráfico en las afueras del estadio. Jugadores y aficionados cortan diversas rutas nacionales. Los franceses improvisan barricadas junto a simpatizantes españoles que recuperan su vieja pasión libertaria.
          La escuadra italiana entra en huelga de hambre por tiempo indeterminado. Prontamente se rebelan a sí mismos ante un plato de fetuccinis. Las delegaciones de México y Argentina realizan un multitudinario piquete frente a las instalaciones de la FIFA. Joseph Blatter, presidente de dicha institución, es secuestrado por el Comando Ucraniano contra los Tiros Libres y Penales Mal Cobrados.
          Todo el cuerpo colegiado de la Escuela Internacional de Árbitros, en pleno, no alcanza a frenar los disturbios. Ejércitos de referíes intentan restablecer el orden. Grupos de fanáticos les hacen tragar sus pitos o retroceder con los banderines ensartados, flameándole del culo.
          Se agitan todas las banderas, bengalas multicolores; llueven papelitos y serpentinas. La muchedumbre grita consignas revolucionarias en esperanto. Se abrazan y saltan en una única ola humana beligerante.
          El Mundial se suspende oficialmente más de treinta veces, pero nadie quiere regresar a su casa. Se da una vuelta olímpica, una eterna vuelta olímpica en cada barrio, en cada plaza. Todos llevan una copa en alto y beben y muestran la sonrisa ineludible de siglos y siglos de derrota que se esfuman en un poderoso brindis. ¡Vamos mundo todavía! ¡No está muerto quien pelea!
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SUIZA 2006
Luego de una concisa pero no por eso menos solemne ceremonia inicial, el árbitro mira su cronómetro y hace sonar puntualmente su afinado silbato. Con un prolijo puntapié el jugador alemán da comienzo al partido. Envía el balón a su compañero de equipo que avanza directo hacia el arco suizo. Esquiva a varios contrincantes, haciendo gala de una destreza y velocidad inigualables. Sin embargo, es cortado por una maniobra intachable del defensor del seleccionado local, que se arroja al piso con escrupulosa corrección y envía el balón hacia el costado derecho. Un lateral alemán devuelve con prontitud la pelota en un exquisito pase de gol para uno de los delanteros germánicos. Pero el tiro es nuevamente desviado con enérgica resolución por la defensa suiza, meticulosa, detallista, impenetrable.
Durante varios minutos el juego se desenvuelve en el mediocampo, con ambos adversarios cuidando la pelota mediante una serie de toques justos, dando muestras de una exactitud y minuciosidad casi matemática. Suben los volantes suizos por la izquierda pero son repelidos puntillosamente por la estricta defensa alemana, hasta que, por fin, finaliza el primer tiempo...
Los aficionados de ambas escuadras esperan en tensa calma. Beben cerveza con metódica ligereza.
El segundo tiempo no presenta grandes variantes. Los suizos elaboran complicadas maniobras de ataque que por demasiado anunciadas resultan fácilmente anticipadas por la pericia técnica de los alemanes. En el minuto 65 se filtra un magnífico centro contra la valla teutona. El envío es certero y el cabezazo impecable. El disparo va directo al ángulo izquierdo. Las gargantas de los espectadores locales están a punto de estallar en jubilosa descarga. Pero el guardameta se estira con milimétrica precisión y desvía la pelota hacia fuera del campo. Rápida pero elegantemente se ejecuta el tiro de esquina, con tal rigurosidad que el balón realiza una comba perfecta, una hipérbole perpendicular al piso que se paraleliza intentando convertirse en gol olímpico. No obstante, su trayecto es interrumpido por el parietal derecho del defensor rival que lo envía esta vez hacia adelante, en lo que resulta un soberbio pase hacia el mediocampo alemán que se rearma con ordenado dinamismo.
El match se enreda en el farragoso devenir de movimientos tácticos e intrincadas sutilezas.
Los dos equipos demuestran un amplio y equilibrado dominio del juego, que se transforma en una correcta contienda entre caballeros galardonando el noble deporte del balompié y los altos valores futbolísticos.
De pronto, un fanático salta de la tribuna arrancándose mechones de pelo y reemplazándolos por matas de pasto desraizadas del campo de juego. Su desesperado gesto es imitado por numerosos espectadores que se despellejan el cuero cabelludo o se agitan en graciosos y torpes pasitos de baile.
El partido se suspende hasta próximo aviso.
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BERAZATEGUI 2006

El alemán apura su último trago de cerveza. El referí hace sonar su silbato. El jugador de Alemania apunta con su pene semifláxido y escribe sobre polvo de ladrillo: “Deuchland arbeitssuchend...”
Cronómetros. Mediciones. Aplausos.
El competidor francés se esfuerza en su delicada maniobra caligráfica, pero apenas consigue escribir “Liberté. Egalité...” Y se interrumpe el chorro antes de Fraternité y en medio de silbidos, mediciones, cronómetros.
El lanzador brasilero enarbola su inmenso miembro y orina: “Ordem e progresso, a melhor torcida do mundo...”
Sonríe satisfecho y espera las mediciones, los aplausos.
El jugador argentino agita su verga y mea: “Queridos colegas alemanes, franceses y brasileros (dos puntos): quiero por la presente comunicarles que...
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-Manual de Literatura Intergaláctica-
Escrita sobre papel-hostia y con tintura comestible, la novelística Alkhaziana invita al lector -hambriento de acción y aventura-, a comerse cada página del relato para aprehender con fidelidad, y en toda su dimensión, la psicología de los personajes, los diálogos y las sabrosas acotaciones del autor que van pergeñando una trama llena de sabores, rica en especias y momentos de dulzura textual inolvidables.
Como verdaderos gourmets literarios, los escritores alkhazianos logran combinar con maestría una variada gama de estilos que contemplan casi todos los gustos y las más nutritivas temáticas.
No obstante, al paladear cada párrafo, el lector-comensal puede toparse sorpresivamente con un capítulo entero que le resulta pesado o una historia difícil de digerir. No son pocos los lectores que han visto peligrar su vida, víctimas de una metáfora en mal estado o de una úlcera provocada por una sucesión de ácidos comentarios.
Para evitar malestares gástricos o intestinales insostenibles y prevenir súbitas intoxicaciones colectivas, la nueva producción literaria ha tenido que pasar por la censura previa y, hoy en día, todos los textos son fiscalizados por el Ministerio de Cultura y Salud Pública, y sometidos a numerosos análisis gramaticales y bramatológicos.
Tratando de librarse de multas y en búsqueda del ansiado éxito, muchos autores optaron por elaborar best sellers con fórmulas o recetas literarias más bien light, de lectura rápida y fácil asimilación popular. Dando a luz textos frugales, argumentos agradables al paladar, bocadillos crocantes y demasiado empalagosos.
Estos hábiles narradores esquivan con decidida pericia los relatos densos; complejos manjares cuya lectura requeriría de una digestión lenta, casi rumiante. Los sabores amargos y las conclusiones picantes se reservan -como postre- para el final; dejando en el lector el rudo bouquet de un desenlace inesperado y áspero.
Sin embargo, no son raras las veces en que estos intentos artísticos se ven truncados por su propia ineficiencia culinaria o el rechazo de las editoriales. Dada la monótona y constante repetición del mismo menú, la reacción del público ha sido el hartazgo y la pérdida de todo apetito literario. Debido a ello, varios autores terminaron por comerse su propia obra para poder sobrevivir y, ya sin esperanzas de publicación, la han evacuado en las ignominiosas cloacas del olvido y el anonimato.
Por desgracia, resulta un poco difícil para este Manual incluir ejemplos de la literatura alkhaziana sin que el lector se pierda lo más sabroso de su textura dramática. Sugerimos pués pedir una pizza de jamón y morrones e imaginarse -cerrando los ojos ante el primer mordisco- una escena de fuerte contenido erótico, sazonada con idílicos paisajes y descripciones suculentas.
Sal y pimienta... a gusto del consumidor... |
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-Manual de Literatura Intergaláctica-
Difícil público el de Omega y sus satélites naturales. Dueños de una cultura superior, exigentes y desapasionados lectores de tratados científicos, desprecian el género de la ficción narrativa y se niegan concientemente a ser engañados por las convenciones propias de la literatura. Detectan rápidamente la técnica empleada por el escritor en su afán de crear una intriga que los atrape, y se decepcionan ya en la primera página de una trama que, en verdad, podría significar una experiencia igualmente enriquecedora.
      Aunque estos estoicos novelistas se esfuercen en hacer cada vez más creíbles sus argumentos, a los lectores omeguenses les resultan estúpidas y arbitrarias fantasías, carentes de todo interés. Esta indiferencia obligó a los creadores a basar sus historias en hechos reales y de conocimiento público, tratando de ofrecer una fiel transcripción de la realidad. Pero como el arte no es un mero reflejo de la vida, sólo consiguieron recrear una versión aburrida y esquemática de sucesos, sin lugar para la invención y la imaginería.
      Como contestación a esta tendencia de los lectores, surgió en Omega un círculo de escritores marginales que atacaban con metáforas desbordantes, acalorados enredos destinados a provocar al frío lector omeguense; haciéndolo partícipe directo de la trama, azuzándolo, ofendiéndolo, sacudiendo su adormecida capacidad de asombro con breves historias contadas decididamente en Segunda Persona:
“Caminas sobre la plataforma de lanzamiento de Phivertais y detrás tuyo se acerca un Gurlap portando su pistola de rayos desintegradores. Corres, corres desesperadamente, babeándote, escupiendo enzimas verdes y defecando a la carrera para aligerar tu peso, pero igual el Gurlap te sobrepasa, te enfrenta y apunta en medio de tus cuatro ojos.”
      Actualmente, otro núcleo de exaltados escritores ha elaborado una estrategia aún más extremista, con el fin de trastocar la indiferente actitud de los omeguenses. Los mismos novelistas se disfrazan y caracterizan como sus propios personajes e intervienen en la vida del lector, mediante acciones y diálogos previamente guionizados pero capaces de adaptarse a circunstancias cambiantes. Los capítulos son así escenificados e intercalados en la cotidianeidad del lector, conduciéndolo al núcleo del conflicto dramático y su posterior y definitivo desenlace.
      Al final, en forma de epílogo, se le dice el título de la obra, se le cobra una módica suma por la interpretación o se lo muele a golpes, como muestra del vigor que alcanza esta nueva, pujante y muchas veces ignorada literatura cósmica.
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Aunque ya pasó el 1 de Mayo, me parece igualmente oportuno publicar y recordar ahora -como una forma de volver un poco a Tierra- tres fragmentos del capítulo Sobre Pobres y Circos, de Ernesto Sábato.
Vino un cliente y compró cigarrillos. Al cabo de un largo tiempo, Carlucho comentó sibilinamente: -La gran puta! Si habría lanarquismo... Nacho lo consideró con extrañeza. -¿Lanarquismo? -Sí, Nacho. Lanarquismo. -¿Y qué es eso? Carlucho se sentó en su sillita enana y sonrió con ojos meditativos y nostálgicos. Era evidente que pensaba en algo muy lejano pero lindo. (...)
-Suponé (é un suponé) que mañana desaparecería todo lo pione de campo. ¿Me queré decí vo qué pasaría? -Y, no habría gente para trabajar el campo. -Esato. Y si nadie trabajaría el campo no habería trigo y sin trigo no habería pan y sin pan todo el mundo no podería come. Ni lo patrone. ¿De dónde iban a sacá el pan, si me podé decí? Ahora atendé bien porque vamo a dar otro paso. Suponete también que desaparecería lo zapatero. ¿Qué pasaría? -No habría más zapatos. -Esato. Y ahora suponete que desaparecería lo albañile. -No habría más casas. -Muy bien, Nacho. Ahora yo te pregunto ¿qué pasaría si mañana desaparecería lo patrone? Lo patrone no siembran el mai ni el trigo, ni hacen lo zapato ni la casa, ni levantan la cosecha. ¿Me podé decí un poco qué é lo que pasaría, si se puede sabé? Nacho lo miró con asombro. Carlucho lo consideraba con una sonrisa de triunfo. -Andá, decime lo que pasaría si mañana desaparecería lo patrone... -Nada –respondió sorprendido Nacho de la enormidad-. No pasaría nada. (...)
-¿Gobierno? ¿Pa qué necesitamo gobierno? Cuando yo era chico y quedamo en la calle, muerto de hambre, mi viejo salió adelante porque don Pancho Sierra le puso una carnicería. Cuando me fui a pionar, tampoco necesitábamo el gobierno. Y cuando entré al frigorífico de Berisso, pa lúnico que sirvió el gobierno fue pa mandarno la policía en la huelga y torturarno. -¿Torturarlos? ¿Y qué es eso, Carlucho? Carlucho se quedó mirándolo con tristeza. -Nada, pibe. Te dije eso sin queré. No son cosa e niño. Y ademá, yo soy lo que se llama un inorante. |
Ernesto Sábato, en “Abaddón el Exterminador”.
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A treinta años de la dictadura militar argentina que se encaramó en el poder para acabar con el "demonio subversivo", el Mono y el Tucán recuerdan a los treinta mil luchadores que aún no han aparecido y a los más de 400 niños que todavía siguen secuestrados.
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