- La resaca eterna:
Durante su corta vida conciente, Ernesto H. no conoció adicción alguna, ni el dulce néctar de una noche de bodas, ni el placer de una madrugada de excesos. En la fiesta de su propio casamiento, sin embargo y por primera vez, Ernesto H. brindó con amigos y parientes. Junto a la mesa de los tíos, empinó una champaña burbujeante. Después del vals, le dio a la cerveza y a un oporto que saboreó directo de la botella. Para despedirse de su atesorada soltería, bebió un poco de vodka mezclado con ginebra, un pizco, anis, cachaza de alambique, tibio coñac en copa grande, un vino tinto y espumoso, té de chamico y vasos y vasos de ayahuasca condimentada con seis cucumelos macerados en tequila.
      Por último, un frasco de perfume a rosas silvestres y hasta el agua de los floreros, la humedad ambiente, el rocío de la noche... Luego, se embriagó de besos, se emborrachó de halagos y buenos deseos...
      En cada foto del álbum familiar puede verse su gradual pero inexorable desliz hacia el descerebramiento y la desdicha.
      Quedó así, para siempre, hablando con los átomos que componen el delicado y minúsculo polvillo de materias leves flotando invisibles en el aire. Aún hoy los electrones le contestan con destellos eléctricos, emitiendo claves luminosas y secretas que él trata como a luciérnagas... |
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Como en Buenos Aires sigue el verano y con el Tucán ya estamos cansados de tanto tipear, dejamos encendida y en piloto automático la Máquina de Postear. De ella nacen artículos que alivian tanto al autor como al lector, que ha de encontrar breves y refrescantes historias que se autoactualizarán cada 48 horas. Aunque la Máquina tiene suficiente memoria virtual como para escribir gruesos tratados de filosofía, la hemos sintonizado en la categoría de “Novelita por entregas para temporada veraniega”, es decir, sencillos y entretenidos capítulos de acción y suspenso para toda la familia. Demás está decir, entonces, que si la trama automática se complica y los conflictos emergen envenenados, echenlé la culpa al verano o al recalentamiento global... ¡Nosotros no somos los autores! La Máquina funciona por su propia cuenta, al menos hasta que se le acabe la cuerda... |
HABLANDO CON EL MÁS ACÁ
(Novela por entregas)
| Entrega 1: “El primer intento” |
      Reinaldo Rodríguez dedicó toda su vida al espiritismo, utilizando sus capacidades de médium para amasar una cuantiosa fortuna que no llegó a disfrutar. Ni bien muerto, apenas si perdió el tiempo en saludar a algunos parientes difuntos que lo esperaban desde hace décadas. Concentró todas sus fuerzas para comunicarse con su mujer, que todavía lo lloraba mirando un álbum de fotos.
-¡Matilde! -le gritó, tratando de sintonizarse con el más acá. -¡Matilde! Dejá de llorar y prestá atención...
-¿Reinaldo...? ¿Eres tú...? -le contestó la mujer, secándose las lágrimas.
-Claro, mujer... ¡Hace media hora que te estoy llamando!
-Bueno... ¡No te alteres! Ahora tenés toda la eternidad para expresarte... -calculó Matilde.
-¡Puede ser que ni siquiera muerto me tengas un poco de respeto!
-¿Pero qué querés que haga, hombre...? ¡Con ese carácter podrido no te aguanta ni San Pedro!
-Justamente por eso te llamaba... -susurró Rodríguez, procurando que ningún ángel o demonio lo escuchara.
-¿Qué pasa ahora...? ¿En qué lío te metiste?
-En ninguno, mujer... Es que acá la cosa está difícil. Me tienen en una especie de limbo... Van por el número 37 y yo tengo el 28.600. Sería bueno que mandaras unos pesitos para agilizar los trámites y que me concedan una rápida indulgencia.
-¿Y con qué dinero?... Si me dejaste viuda y sin respaldo.
-Es que yo tenía unos dólares que fui ahorrando y...
-¡Hijo de puta! Ya me parecía a mí que me escondías la plata... -Gritó Matilde indignada. -¡Y ahora me vengo a enterar que me matabas de hambre para guardarla debajo del colchón!
-No... Debajo del colchón, no... Pero...
-¡Pero andá a la puta madre que te parió! ¡Pedile plata a esa vieja de mierda o al tránfuga de tu padre, ahora que los tenés bien cerquita!
-Querida, por favor, yo la quería compartir contigo, cuando fuésemos viejitos...
Matilde largó una carcajada, encendió la radio, sintonizó una canción de los Rolling Stones y subió todo el volumen del aparato.
      "Its only rock and roll, but i like it... I like it..." -Quedó resonando de este lado de la tarde.
(CONTINUARÁ...)
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Le picaba, le picaba pero dudaba en rascarse. Un granito rosáceo, entre el ombligo y el pubis, no podía ser motivo de preocupación, al menos que provocase raros estremecimientos anímicos cada vez que uno lo acariciase. Por eso, al principio, dudaba en rascarse. Procedió con aséptica cautela a desinfectar la zona con alcohol, pero un ardor insoportable le hizo desistir de la tarea. Así que lo dejó a sus anchas, siguiendo su crecimiento como un entomólogo estudia a una verruga de insospechadas dimensiones. Optó por esperar que madurase. De dolerle, no hubiese dudado en correr al hospital más cercano. Pero como cada pequeño roce lo invadía de sensaciones agradables, se contentó con tocarlo suavemente, de tanto en tanto, dejándose llevar por esa comezón perturbadora, alcanzando decenas de orgasmos múltiples...
Cuando se dio cuenta que era un clítoris, ya fue tarde. Aquello se había convertido en un vicio.
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| Debido a la polémica suscitada –con veinte comentarios, un poco más abajo, y en este mismo blog– por el poema “El Mal Menor”, me parece oportuno publicar este antiguo relato mediante el cual el Tucán y yo aclaramos, en forma juguetona, todo lo que creemos acerca de las creencias y las incredulidades modernas. ¡Aunque Usted no lo crea...! |
EL JUEGO DE CREER Y REVENTAR
Ya sabían los indios Tupí Guaraní que creer no significaba confiar, empecinarse en un ideal dictado por la mente, sin hacerle caso a lo que dicen los otros sentidos. Que creer era elegir entre varias opciones posibles y decidirse por una, pero sabiendo que las otras posibilidades existían con la misma potencia.
Después de casi una década de convivir con ellos en la selva, aprendí que creer no era asunto de aferrarse a ningún dogma, ni político ni religioso. Creer no era una cuestión de creencias.
Sin tantas elucubraciones, el Tucán y yo, jugamos todos los días a Creer y Reventar. Los lunes empezamos con cosas sencillas. El Tucán coloca un cuchillo haciendo equilibrio en el borde de la mesa y al final lo balancea. El apuesta a que no se cae y yo a la inversa. Si se cae, él revienta, y cocina para los dos, mientras que el otro levanta la mesa y lava los platos.
Así nos vamos entreteniendo y, de paso, organizamos nuestras tareas domésticas. Los martes encaramos con dilemas más complejos. Entonces yo creo que atardecerá nublándose y él apuesta a un límpido anochecer lleno de estrellas. El juego continua complicándose en el decurrir de la semana pero nunca decae en interés, porque acepta múltiples variantes y estrategias.
A veces se juega por jugar, y ese día ni se cree ni se revienta. Entonces cocinamos juntos y, sin que nadie diga nada, uno lava los platos mientras el otro acomoda la mesa. Se puede, por ejemplo, creer y reventar al mismo tiempo. Esa noche uno cocinará aunque haya ganado en su creencia; por puro placer culinario. Otras veces apostamos a largo plazo o por cosas de difícil comprobación concreta. Yo opino que la sociedad capitalista cambiará por otra más justa y solidaria, y el Tucán afirma que el hombre es un ser reaccionario incapaz de alcanzar esa meta. Entonces, la tarea de cocinar o lavar los platos, quedará para nuestros nietos o bisnietos...
Por último, hay gente que cree, que cree y que cree.
Y otros que revientan, revientan y revientan...
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      ¿Alguien puede callar a ese perro...? Hace como un año que está ladrando, aunque más bien llora. Hay gente que no tiene compasión con los animales ni con los vecinos. ¡Para qué tienen un perro si después lo dejan solo todo el día, todos los fines de semana! El perro sufre. ¿Por qué es un perro, no?, ¿o es un lobo...? Hay gente que es capaz de tener en su casa los bichos más insólitos. Lagartos, monos, serpientes... A mí se me hace que es un lobo nomás. Aunque por momentos parece el llanto de un bebé. ¿Pero qué padres más desamorados podrían dejar a un bebé desgañitándose como un lobo en medio de la noche? No sé. Hay gente para todo. Y no es que uno quiera dormir, aunque está en su derecho ¿no? Yo hace como un año que no duermo. No me interesa. Por mí que ladre o llore o aúlle toda la noche. A mí no me afecta en lo más mínimo. En una de esas hasta me acompaña en este insomnio indoblegable, aunque a veces dan ganas de tirarle un ladrillazo. ¿No hay nadie que le tire un hueso o lo acaricie para que se calme, digo yo...? Porque ese gemido estremece, le pone a uno los pelos de punta. Me hace recordar otros gemidos, otros llantos. Mi abuela lloraba así. Tenía esa enfermedad en el páncreas que la hacía retorcerse de dolor y no había calmantes que la aliviaran. Mi madre también se quejó de ese modo, dos o tres noches, antes de morir. A veces me parece que las estoy escuchando todavía, que escucho los gemidos de los difuntos, de gente que ha muerto mal, fuera de tiempo o injustamente. A veces son como un coro, desafinado y agudísimo. Y no es que crea en las almas en pena, pero hay generaciones enteras que han sido masacradas en lo mejor de su vida, y a mí me parece escucharlas, quejándose, aullando, reclamando todavía como si alguien les fuese a hacer caso. Como si algún vecino se fuera a levantar de la cama para calmarlos con una caricia a contrapelo, una frase de alivio... Pero la gente normal duerme por la noche. Y a la mañana trabaja. La gente escucha lo que quiere oír. Sus propios ruidos intestinales, sus estrictos sesenta decibeles y con eso es suficiente. Yo escucho también cuando salen para sus trabajos; su rumiar de vacas rumbo al matadero. De a poco, el murmullo del tráfico va cubriéndolo todo como un mar de fondo, hasta llegar a límites insoportables. Pero a mí no me afecta en lo más mínimo. Yo hace como un año, un siglo que estoy desvelado. A lo mejor hasta los sonidos me acompañan en esta lucidez de lobo, en este insomnio feroz e indoblegable. En este escuchar atento cada ladrido de perro...
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Llegando a fin de año, este mono aullador no va a dejarse tentar por balances internos y crisis existenciales. Prefiero esta vez hacer una evaluación ajena y divertirme con vuestros profundos o alocados comentarios. Con exactos 1601 aportes, la elección ha sido arbitraria, casi al azar, o estaría tres días para seleccionarlos. Pero alcanza como muestra del talento y el sentido del humor de quienes pasaron por este pequeño ambiente selvático. ¡Después no me vengan a decir que los únicos delirantes somos el Tucán y yo!
| Homenaje a los lectores: Collage de Comentarios |
“aki solo se meten pijos de estos ke lo saben to no?? vaya mierda!!” (Loka)
La mediatización es el medio mediante el cual mediocrizan a los medio ingenuos. (Grismar)
Lo más interesante es masturbar luciérnagas... ¡¡¡Debe dar un laburo!!! (Laveron)
El aplauso es una manifestación del ser que merece examinarse. (L'ingegnere Ovest)
Un solo primate puede retrasar momentáneamente la evolución, pero no detenerla. Esa es la esperanza. (Guardafaro)
¿Estaremos llendo para atrás en la cadena evolutiva? (Mike)
No se qué es peor, si quedarse en patas y dejarse llevar por los rumbos, o andar bien calzada yendo a donde quiero ir. (La Fulana)
Yo lo espero porque lleva zapatos de payaso y eso me basta para reconocerlo mi semejante. (Utopista)
La Educación ahora no es una herramienta de crecimiento, sino de transmisión: se transmite la mediocridad. (Luz)
Si eres feliz siendo una persona positiva, que no te importe el final, aplaude desde el más allá. (Ojos de terciopelo)
Definitivamente no dan ganas de reirse. La feliz máquina norteamericana, trabajando y trabajando. (JAM)
La juventud estaba de moda, antes, cuando eramos jovenes. (Finchu)
A veces es mejor no mirarse mucho para evitar sustos. En mi casa no hay espejos... (Septiembre)
¿Y qué es un latido sino una bomba de tiempo? (Eleremita)
La sutileza de un encuentro más la fuerza de un tornado. (El Reparador)
Este medio de comunicación es fascinante por lo aleatorio de las relaciones y por lo efímero que puede resultar. (Gabriel)
¡Más animales y menos animaladas en la sociedad! (Logoss)
Solamente espero no quedarme sin huevos (o que no se larguen los gatos que "okupan" mi terreno) (Yeyo)
¿Y que hay de las mujeres que quieran parecer poetas? (Gatinha)
en general nadie tiene muchos pelos en la lengua. por eso no hay peluquerias para lenguas, servicio que podrian muy bien realizar los dentistas. (Emanuelle)
Mis hijos van a casa los fines de semana y por fin juegan, crean, corren, se trepan a los arboles, pintan, colorean, etc... El televisor en casa de Papá. (Arcoiris)
¿Es que en Argentina también comen hormigas? (Lucas)
Tucaaaaaaan, tucanciiiiito... Voy por ti... (Pedro responde)
¿Por qué preocuparse por la mecha en lugar de eliminar la dinamita? (1+)
Lo que la medicina no entiende ni quiere ni puede entender es que el "paciente" está vivo. (Cinzcéu)
Creo que me voy a imponer yo también una dieta de soledad... (Misscompracompulsiva)
Nosotros rumiamos la rabia y después, cuando no se puede hacer nada, nos quejamos. (Locaporlaluna)
El aguita de toronjil de mi abuela era santo remedio y también el caldo de pollo. (Marcela)
El intercambio de estupidez está bien si no somos tan estúpidos como para no aprender nada de él. (Contraejemplo)
Me apunto a lo del atentado patafísico. Pero debemos usar palabras nucleares como blancos. (Ivan Malevoski)
¡Que su mierda le aproveche! (Bagamontse).
Esperamos haberles transmitido algo del placer que nos dio estornudar un poco de humor en medio de tanta tragedia e injusticia. Lo nuestro quizás haya sido, entonces, una “Comedia Griega”, con un coro de brillantes lectores y comentaristas. ¡Feliz Fin de Año para todos! ¡Y nos reencontramos en el 2006! -Desde varios rincones de Argentina, El Tucán, El Chingón, Fernando Rocchia y todos los amigos de este Mono. ¡Un gran abrazo!
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ACLARACIÓN AL PASO: Como el Mono anda colaborando, ya con cierta continuidad, en un programa de radio de Buenos Aires, el tiempo para dedicarle a este blog se acorta, pero como me es imposible dejar esta viciosa y estimulante Coctelera, he optado por postear algunos de los experimentos sonoros que luego saldrán en la radio. Sepan disculpar aquellos a los que les cueste o incomode ponerse a escuchar. Es el único modo que he encontrado por ahora de permanecer entre ustedes; porque mi idea es continuar en este espacio y seguir visitando colegas y amigos. No hay pues ni depresión ni falta de ganas. Es un placer, siempre lleno de comentarios y desafíos.
¡Nos vemos o nos escuchamos...!
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| El último en caer |
Arrojaron primero una piedra contra un helecho gigante. Se acercaron a tantear la herida en el tronco. Estudiando la piedra y la herida, probaron después puntería con rocas filosas, tremendas; resplandecían en la noche de la humanidad más lejana y profunda, volteando frutos, enemigos y fieras...
Al tiempo, usaron garrotes o hachas de hueso pulido. Arremetiendo con arcos y flechas, cortaban el aire sus lanzas y espadas, forjadas en fraguas...
Entonces llegaron a caballo, por miles, portando escudos y ballestas, catapultas, cañones que escupían veneno desde buques a vela. Después la historia prosigue: aviones, tanques, metralletas. Bombas neutrónicas. Láseres, bacterias... El monopolio ya obvio del poder y la fuerza. El mismo pasado plasmando la vida moderna...
Y en el fragor del combate, un triste primate pulsa el botón con plena conciencia... Y se queda mirando el último atardecer del planeta... |
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Un coro de grillos, una orquesta afinando, la noche que intenta rodearnos para siempre y este minuto, sólo para escuchar.   |
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